Si lo más fructífero de la cita de ayer entre Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo fue un compromiso genérico para retomar las negociaciones de una hipotética renovación del Consejo General del Poder Judicial, o de informar al PP sobre lo alusivo a la política exterior, porque en lo económico discreparon en todo, la conclusión solo puede ser de fracaso.

Es lo que ocurre cuando Sánchez filtra a un medio de comunicación su listado de imposiciones, y cuando a primera hora de la mañana, antes de la reunión, el ministro de Presidencia chafa la cita con declaraciones a una emisora de radio.

Lo natural es que el líder de la oposición desconfíe y, en consecuencia, todo apunta a que las relaciones entre el PSOE y el PP tienen pocos visos de mejorar lo que resta de legislatura, lo cual es muy negativo para los españoles.

Si Sánchez realmente tuviese voluntad de pactar algo más allá del CGPJ, no habría reventado prematuramente la reunión.

La exigencia prioritaria de Feijóo es rectificar la política económica del Gobierno con una bajada del IRPF para aliviar los bolsillos en pleno periodo inflacionista. La negativa de Sánchez, cuyo Gobierno recauda como nunca, fue taxativa y por eso el líder del PP tuvo que admitir que no portaba ninguna buena noticia para las familias.

La reunión fue cordial… solo faltaría. Pero volvió a revelar que Sánchez no quiere acordar nada, sino imponer. Del PP solo quiere sumisión, claudicación y subordinación, que es como Sánchez entiende la política.

ABC