LAS NANAS DEL TINELL

Lo noticioso no fue que un diputado acusara al Estado de mantener secuestrados a una serie de políticos, porque el diputado Rufián vive, como un parásito, de dañar el cuerpo que habita. Si acaso se echó en falta alguno de esos gadgets que le dan a sus alocuciones una estética de teletienda y cuya función didáctica demuestra que el diputado ve en el ciudadano a un preescolar.

Lo verdaderamente noticioso, por inédito y por alarmante, fue que el presidente del Gobierno no desmintió el secuestro, arrulló al diputado con una nana melosa y remató su respuesta con una de las frases más desleales de cuantas se hayan levantado acta en el diario de sesiones: “Ojalá a partir del próximo 9 de julio podamos emprender un camino que restañe muchas de las heridas que, durante estos últimos seis años, como consecuencia de la falta de criterio y de estrategia del anterior Gobierno, han causado la fractura social en Cataluña”.

Ahí estaban las viriles manos del presidente, esas que marcan con determinación la acción del Gobierno, moviéndose al ritmo de las sílabas, desmontando piececita a piececita la empalizada de legitimidad construida por el bloque constitucionalista para protegerse de las insidias del golpe. Dicho de otra forma, el presidente selló en público y ante los taquígrafos, en apenas 30 segundos, un nuevo pacto del Tinell que, como el original, dicta cuarentena política para media España por su acción infecciosa y nace de la invención suicida de que el PSOE está más cerca de ERC que del PP. Esta mentira tan coqueta es lo que ha enajenado al electorado del PSC, motivó el nacimiento de Cs y ha reducido al PSOE a polvo, mas polvo gobernante.

Lo realmente dañino no es la mentira sobre la que se funda el frente popular sino que a base de repetirla va dejando de ser mentira. El secretario general socialista ya habla desde el mismo lugar del que predica el independentismo: si Cataluña es hoy un paréntesis de odio en la España democrática no es porque un gobierno supremacista quiera declarar extranjeros a la mitad de sus habitantes sino porque el Estado -que no el Gobierno- trató de parar el golpe.

Antes de la sesión de control, el presidente ya había anunciado su deserción del bloque constitucional en El País, diario cuyo súbito, cruento e incontestado viraje editorial inauguraba la estrategia de la rendición. “Los tiempos en que el Gobierno agravaba los problemas con Cataluña acabaron”, zanjó el presidente. Y aquí el verbo zanjar no es un mero formulismo.

Pedro Sánchez es ya el primer presidente del Gobierno que se desmarca del Estado. Un pionero.

Rafa LaTorre ( ElMundo )

viñeta de Linda Galmor