LAS NOCHES LOCAS QUE NOS PROMETE SIMÓN

Comienza a ser cansina tanta ñoñería. En todos los establecimientos comerciales a donde entras es lo mismo. La misma voz en off, casi siempre femenina, aunque no faltan las masculinas, repitiendo lo mismo… Ya falta poco para abrazarnos y besarnos.

Ahora bien, pensándolo bien no sé porque me extraña semejante ñoñería porque eso mismo fue lo que articuló el Estado una vez que ETA se cansó de asesinar y le propuso una tregua, un programa de abrazos y besos entre terroristas y víctimas a fin de excarcelar a unos y hacer olvidar a otros.

Hemos devenido en un país individualista, que apenas conocemos al vecino que tenemos al lado, y ahora va y resulta que por obligación, y cuando lo diga Simón, tendremos que abrazarnos y besarnos. Aunque de momento sólo aplaudimos. ¿A quién? Pues, al primero que se nos diga, señale o proponga.

Recuerdo que con motivo de la vista de Mijaíl Gorbachov​ a España, y en su obligada visita al Ayuntamiento de Madrid, el 24 octubre de 1990, el alcalde del momento, Agustín Rodríguez Sahagún, organizó una alocada y acalorada recepción al antiguo ex miembro de la terrible KGB, ex secretario general del Comité Central Partido Comunista de la Unión Soviética desde 1985 hasta 1991 y en ese momento, jefe de Estado de la Unión Soviética, en la que no faltaron los abrazos y los besos que ya nos podíamos dar gracias a la inestimable aportación que el ex comunista que llevaba tatuada la hoz y el martillo en su cabeza, al que el simplón de aquél alcalde a gritos llamaba “Superman”, había hecho a la humanidad, y ya para siempre.

Es decir, que esto de los abrazos y de los besos es muy de nuestra democracia, que cuantas más dificultades tiene, se le presentan o se ven venir, tira inmediatamente de erotismo para conducir a este pueblo soberano por el camino del adocenamiento sobre el premio de noches locas.

Pablo Gasco de la Rocha ( El Correo de España )