LAS OLIGARQUÍAS EXTRACTIVAS DUEÑAS DE ESPAÑA

Cualquier fenómeno político-social que afecta a una Nación es complejo y probablemente tenga multitud de causas. Ahora bien, en el caso español, la actual etapa de descomposición que padecemos no creemos que pueda explicarse sin reconocer que el régimen del 78 ha favorecido, cuando no cultivado, una serie de instituciones que se han dedicado a extraer los recursos de la mayoría en beneficio de un grupo reducido.

La Constitución del 78 instaura un Estado de partidos que, lejos de los principios representativos populares, concentra el poder en manos de los partidos políticos, que se verán incentivados para mantener y desarrollar instituciones en beneficio propio y utilizar los recursos públicos y privados que obtengan para consolidar su control del poder.

Paralelamente, la Constitución del 78 organizaba territorialmente el Estado en autonomías, lo que incrementaba exponencialmente el riesgo de creación de redes clientelares y centros de poder dispersos contrarios a unas instituciones políticas inclusivas, capaces de lograr cierto grado de centralización política para establecer la preeminencia del bien común sobre el interés particular.

Con este marco político y legal, no es de extrañar que en España triunfase ese círculo vicioso integrado por unas elites políticas, económicas y mediáticas únicamente preocupadas por detentar el poder y extraer beneficio de la sociedad española en su sólo provecho.

Si no partimos de esta nefasta estructura constitucional, seremos incapaces de comprender la raíz de uno de los factores que nos ha llevado a que el separatismo prolifere por todos los puntos de la geografía española y a que un ególatra sin escrúpulos como Pedro Sánchez haya llegado a la presidencia del gobierno.

En este sistema, cada cual se ha preocupado de sacar tajada para sí. Partidos, sindicatos, grupos empresariales, entidades financieras y los personajes que están detrás de ellos, jamás han perseguido un interés nacional comunitario.

Así se explica que partidos teóricamente nacionales como el PP hayan cedido al chantaje de los nacionalistas para después parase en muchas ocasiones, Galicia, Baleares, Valencia, con armas y bagajes al mismo nacionalismo. De lo que se trataba en verdad, no era de salvaguardar la unidad nacional o la prosperidad de los españoles, sino el negocio.

Esta colusión de intereses bastardos entre el mundo político, económico y mediático generó una maquinaria que mantiene sujeta a la clase media, a la vez temerosa de perder sus ahorros y al desempleo de sus hijos, pero expectante ante la recompensa de entrar a formar parte de las redes clientelares de una u otra oligarquía o del inmenso aparato burocrático de las administraciones públicas.

La clave pues para salir del atolladero donde nos encontramos no está en reivindicar una Constitución más que deficiente. No se trata de defender lo contingente, sino lo esencial, lo que se debe reivindicar es España y su comunidad nacional.

Romper con las oligarquías extractivas que dominan la escena política, económica y social en España y construir una estructura inclusiva sobre la base del respeto a la Nación, la igualdad entre todos los españoles y la verdadera justicia social.

Las coyunturas críticas en sí mismas son puntos de inflexión históricos. España está en una de esas encrucijadas, pero es poco probable que salgamos con buen pie si no somos capaces de cambiar realmente la estructura de poder que hasta ahora ha estado en vigor.

Mateo Requesens ( El Correo de Madrid )