LAS OREJAS DEL LOBO

Ve mentalizándote: te van a volver a subir los impuestos. La ministra de Economía lo admitió ayer cuando habló de «actualización fiscal» para aumentar los ingresos, después de que Bruselas le diese el enésimo varapalo al Gobierno por rebasar cuatro veces el límite recomendado de gasto neto.

Observa el eufemismo: actualizar. Pero no pienses en tu sueldo, que como el de la mayoría de los españoles sufrió notables recortes durante la crisis y aún no habrá recuperado el nivel anterior al descenso. Lo que van a poner al día -al día de sus crecientes necesidades clientelares- es tu carga tributaria, tu grado de esfuerzo en la financiación obligatoria del dispendio.

Te dirán cuando llegue el momento que «sólo a los ricos» porque te toman por ingenuo: la única recaudación significativa posible está en el IRPF y en el consumo, es decir, en lo que cobras por tu trabajo y en lo que adquieres en el comercio. Si no basta irán a por tu patrimonio y por tu ahorro, y por el diésel de ese coche viejo que conservas porque no ganas lo suficiente para comprarte uno eléctrico.

O les impondrán tasas a los bancos y a las empresas, que te lo repercutirán en sus comisiones y precios. Y si tienes un buen negocio o un buen empleo, te gravarán un suplemento extra para premiar tu suerte o incentivar tu éxito. Cuando oigas ofertas de servicios gratis, no olvides que están haciendo campaña con tu dinero, que eres tú en quien piensan para cuadrar -a duras penas, aun así- el presupuesto.

Todo esto en vísperas de una desaceleración del crecimiento, quizá incluso de otra recesión, que ya nadie niega por más que exista una resistencia psicológica colectiva a darla por cierta. En ese reflejo de automatismo social se ampara la izquierda para plantear un programa económico exactivo para las capas burguesas.

El sanchismo sabe que éstos serán los últimos comicios de la etapa de relativa estabilidad financiera y quiere aprovecharlos antes de que llegue la tormenta y el factor de decisión electoral vuelva a centrarse en el empleo, en la deuda o en los asuntos de la despensa.

Ahora aún va a primar la temperatura ideológica, la emocionalidad populista, la confrontación de bloques, la política maniquea; el voto biográfico, el tribal, el visceral, el de las pasiones directas estimuladas en debates superficiales de aparente intensidad dialéctica.

Es pronto para que los ciudadanos perciban en estos primeros y desoídos indicios la existencia de un verdadero problema y acudan a las urnas pensando en su bolsillo o su cartera. Los elementos de incertidumbre no son todavía lo bastante explícitos para instalar en el contribuyente un filtro de desconfianza sobre la alegría de las promesas.

Pero no olvides quién va a pagar la cuenta de toda esa fiesta. Y que el lobo del empobrecimiento de las clases medias, ése que ya te mordió una vez, está de vuelta. Aunque no le veas las orejas.

Ignacio Camacho ( ABC )