Que la Unión Europea o Estados Unidos hayan decidido imponer serias sanciones económicas a Rusia en vista de que nadie contempla el envío de tropas a Ucrania de momento, ni siquiera la OTAN porque ese país no pertenece aún a la organización, tiene lógica. Serán más eficaces o menos, y a Putin le importarán más o menos.

Son, en efecto, sanciones de índole económica que en nada beneficiarán a los rusos, que son los últimos en los que piensa Putin con su afán imperialista. Pero lo cierto es que Occidente se queda corto. Ayer se conoció que la final de la Champions de fútbol ya no se jugará en San Petesburgo, como estaba previsto, sino en París. La decisión es acertada, desde luego.

Pero será incompleta mientras los organismos deportivos internacionales no excluyan al deporte ruso de las distintas federaciones de todas las competiciones internacionales.

La invasión de Ucrania ha de tener consecuencias, y el aislamiento de Rusia, incluso en el ámbito deportivo, es imprescindible.

ABC