Pablo Echenique tiene un papel fácil y muy adecuado a la representación de un partido al que se le acumulan contradicciones morales en materia de posibles delitos contra la Hacienda Pública en sus distintas vertientes de ocultación de capitales, cobros y pagos en B, o creación de empresas fantasma, pero en su carrera  desenfrenada hacia el precipicio de la mentira también han incurrido en una denuncia falsa contra el abogado de la Podemos bajo la acusación de haber  abusado de una mujer, que nunca denuncio el hecho  ni se identificó como víctima.

En este último caso se ha acreditado en sede judicial que no existió tal abuso y que en consecuencia tanto  Pablo Iglesias como una de sus portavoces   mintieron ante el juez y la opinión pública, pero como yo soy partidario de que estos asuntos los diriman los magistrados,  esperaré a lo que  ellos se pronuncien,  porque, nos guste o no, será palabra de ley.

Para ser portavoz de cualquier formación política hay que tenerlos cuadrados… y además  la piel de cocodrilo, pero deberían trabajar un poco las declaraciones que van a realizar en nombre de su partido porque no basta con que rebuznen una condena para que lo que profieren resulte creíble.

Es cierto que este defecto tan poco profesional  lo exhiben con frecuencia los voceros de las distintas formaciones políticas  aunque pienso que no hay quien supere la  maestría imaginativa de los  propagandistas de Podemos, seguidos de cerca de los que han abrazado la religión independentista catalana.

Los portavoces que elige Podemos tienen la lengua muy larga y las patas muy cortas y así es difícil que lleguen lejos en el camino de la credibilidad, aunque les da lo mismo porque pertenecen a la misma escuela que algunos de los analistas independientes que siempre están preparados para echarles un cable de salvación,  como buenos cruzados de la información fabricada a la medida de sus señores. 

Y digo esto porque las opiniones son plurales y libres como el  viento, pero los datos de las informaciones nunca pueden estar bajo sospecha de falsedad.

Un día como hoy no está de sobra esta reflexión porque el desnivel ético, estético e intelectual  que distancia a quienes hemos podido ver y escuchar en las últimas horas es sideral, y algo así tranquiliza en un país donde las revoluciones se hacen con la cabeza y el corazón, y no solo con la mentiras y las vísceras.

Diego Armario

viñeta de Linda Galmor