Después de analizar en profundidad tanto su comportamiento, como los resultados derivados de su gestión al frente del gobierno de la nación, solo podemos llegar a la conclusión de que Pedro Sánchez es un individuo polifacético, siendo tres los rasgos que principalmente le caracterizan, a saber, la incompetencia, el despotismo y el narcisismo patológico.

Vaya por delante que esta opinión lejos de estar sustentada en prejuicios de índole ideológica, está basada en datos objetivos, como demostraremos a continuación.

A pesar del comunicado de la OMS de 30/01/2020 en el que se declaraba la situación de emergencia internacional por el brote de coronavirus iniciado en Wuhan, el gobierno de P. Sánchez,  por medio de Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias, se pasó dos meses emitiendo comunicados en el que se negaba incluso la posibilidad de que en España hubiera transmisión comunitaria del virus.

De esta forma, el epidemiólogo diabólico se convirtió por derecho propio en el mayor propagador de fake news del mundo. Solo cuando ya se había consumado la atrocidad sanitaria de permitir en plena pandemia las manifestaciones feministas del 8-M, fue cuando el gobierno, de forma abrupta, unilateral y autoritaria, sometió a la población española a un estado de alarma, que más bien pareció un estado de excepción, asumiendo el mando único de la gestión de la pandemia.

El resultado de todo ello fue que, después de tres meses de durísimo confinamiento, España presentaba las tasas de morbimortalidad por coronavirus más altas del mundo, así como el mayor porcentaje de sanitarios infectados por dicho virus.

No cabe, por tanto, extrañar a nadie que según un informe de la Universidad de Cambridge, España lograra el dudoso honor de ser el país con la peor gestión sanitaria de la pandemia de toda la OCDE. Ante tal descalabro cabría pensar que P. Sánchez se dedicaría en cuerpo y alma a paliar tal situación.

Sin embargo, muy lejos de ello, nuestro impresentable presidente se fue de vacaciones en agosto, es decir, en plena desescalada, a disfrutar “gratis total” del Palacio de la Mareta en Lanzarote y la Finca de las Marismillas en Doñana, descansando durante más tiempo que en el verano anterior, cuando se dedicó a recabar apoyos para su investidura como presidente del gobierno de la nación.

En definitiva, todo un disparate, que no viene sino a poner de manifiesto que P. Sánchez adolece de una falta absoluta tanto de escrúpulos como de responsabilidad.

Pero si mala ha sido la gestión sanitaria, otro tanto cabe decir de la gestión económica llevada a cabo por el gobierno de P. Sánchez. No hace falta más que repasar los datos macroeconómicos para confirmar tal aseveración. Así, durante el 2º trimestre de 2020 la caída del PIB en el conjunto de la eurozona era del 12,1%, mientras que en España se situaba en un 18,5%, es decir, un 33% más que el resto de países de nuestro entorno.

En cuanto al déficit público, según estimaciones del FMI, España pasará del 2,6% del PIB en el año 2019 al 9,5% en el año 2020. Si tenemos en cuenta que por encima del 3% se considera que el déficit público es excesivo, nos encontramos con un escenario en el que estamos dejando un futuro nada halagüeño a las generaciones venideras, debido a la deuda contraída para subsanar el desequilibrio presupuestario generado.

Así, podemos ver como la deuda pública se sitúa en el momento actual en el 110% del PIB, lo que constituye el mayor endeudamiento de nuestra historia. Por último, la tasa de paro ha aumentado en España en los últimos 12 meses un 24 %, situándose de esta forma en un 15, 6% de la población activa, y todo ello sin tener en cuenta los ERTE, muchos de los cuales se convertirán en ERE, aumentando con ello dicha tasa de paro.

En este sentido, para que nos hagamos una idea de la magnitud del descalabro, basta señalar que nuestra tasa de paro actual duplica la tasa de paro europea. A su vez, son ya más de 100.000 las empresas que se han visto obligadas a cerrar desde agosto del año pasado.

A pesar de todo lo expuesto, el vicepresidente 2º del gobierno, P. Iglesias, se ufana al proclamar que los próximos presupuestos no gustarán a la derecha, queriendo ello decir que aumentará el gasto público en un entorno de disminución de ingresos, lo cual disparará el déficit y el endeudamiento del estado, haciendo todo ello que España, que conforme a los datos actuales ya está en quiebra técnica, entre en bancarrota, por no poder el activo cubrir el pasivo.

En conclusión, solo cabe decir que si la gestión sanitaria de la pandemia fue mala, la gestión económica del gobierno socialcomunista solo puede calificarse como un desastre sin paliativos, demostrándose con todo ello la incompetencia de P. Sánchez en su acción de gobierno.

– Pedro Sánchez el déspota

Tras su nefasta gestión de la 1ª ola de la pandemia, P. Sánchez retrasó el proceso de desescalada de la Comunidad de Madrid (CM) aduciendo que seguía las indicaciones de un comité de expertos. La verdad es que tal comité de expertos no existía como, ante un requerimiento de Isabel Díaz Ayuso, puso de manifiesto el Defensor del Pueblo.

Tal situación -además de evidenciar la absoluta falta de rigor y el absoluto desprecio que por los madrileños sentía P. Sánchez- fue un auténtico varapalo para la credibilidad del poco honorable presidente, mostrando que solo le guiaban en su acción de gobierno sus propios intereses políticos, característica ésta propia de todo cacique.

Evidentemente tal afrenta quedó instalada en su memoria y a la menor oportunidad P. Sánchez habría de pasar la correspondiente factura. Así, ya instalados en la 2ª ola de la pandemia, la CM ha sufrido un continuo sabotaje por parte del gobierno de la nación, lo cual ha impedido de facto a Isabel Díaz Ayuso poder implementar el plan de lucha contra el coronavirus elaborado por un comité de expertos contra la pandemia, liderado por el consejero de Sanidad, Enrique Ruiz Escudero.

Entre las principales medidas puestas en marcha por la CM cabe destacar las restricciones a la movilidad de hasta 45 áreas sanitarias debido a la alta incidencia acumulada (IA) de infectados, la realización masiva de pruebas diagnósticas a la población (PCR y test de antígenos), la vuelta controlada al colegio tras la realización de pruebas PCR a todos los profesores, el cierre de bares a partir de las 23 hr y el cierre total del ocio nocturno.

Asimismo, Isabel Díaz Ayuso no se cansó de pedir al gobierno central el control de la entrada de personas por el aeropuerto de Barajas y la estación de trenes de Atocha, así como el envío dotaciones de policías nacionales y guardias civiles para así poder garantizar el cumplimiento de las medidas tomadas, negándosele todo ello.

No obstante, a pesar de las continuas desavenencias, Isabel Díaz Ayuso pidió por carta en repetidas ocasiones reunirse con P. Sánchez para sí poder consensuar un plan de actuación conjunto para luchar contra la pandemia. Finalmente el presidente tuvo a bien reunirse con la presidenta a finales de septiembre acordándose la creación de un comité de cooperación entre ambos gobiernos, denominado grupo Covid-19.

Tras la reunión del grupo el ministro de Sanidad trasladó a la opinión pública su satisfacción por la marcha de las negociaciones. Pero esto solo era una cortina de humo, ya que pasadas tan solo 48 hr  Salvador Illa en la reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, haciendo un traje a la medida de la CM, propuso una serie de supuestos para confinar a municipios de más de 100.000 habitantes.

A pesar de que la propuesta contó con el voto en contra de Madrid, Cataluña, Galicia, Andalucía y Ceuta, así como la abstención de Murcia, el ministro de Sanidad, en el colmo de la sumisión, obvió la falta de unanimidad y  emitió una orden ministerial por la que se confinaban 11 municipios de la CM, incluida la capital, por presentar una IA de casos superior a 500 por 100.000 habitantes, algo que también sucedía en otras Comunidades, como la de Navarra, a la cual, evidentemente no confinó.

Isabel Díaz Ayuso, siempre luchadora, interpuso un recurso ante el Tribunal Superior de Justicia de Madrid, el cual emitió días después un comunicado que tumbaba la citada orden por considerar que “no contiene una habilitación legal para el establecimiento de medidas limitativas de derechos fundamentales” y, más allá de eso, entendía que constituía “una injerencia de los poderes públicos en los derechos fundamentales de los ciudadanos”.

Ante esta nueva afrenta por parte de los tribunales de justicia, P. Sánchez tuvo una de sus ya conocidas crisis de prepotencia y soberbia, razón por la cual convocó de urgencia un Consejo de Ministros, para acto seguido decretar el estado de alarma en la CM, lo cual suponía el confinamiento inmediato de la mayor parte de los madrileños.

Tres días después de la entrada en vigor del estado de alarma al ministro de Sanidad no le quedó más remedio que reconocer que los datos utilizados para proceder al confinamiento de los municipios madrileños correspondían al día 4 de octubre y no al día anterior a la entrada en vigor del estado de alarma, demostrándose así una vez más la indecencia con la que este gobierno procede.

El porqué de esta actuación queda claro si tenemos en cuenta que la estrategia de restricciones a la movilidad por áreas de salud seguida por la CM y no por circunscripciones administrativas como estableció el gobierno nacional (algo que se estudia en 1º de epidemiología) estaba dando resultados francamente alentadores, de tal forma que la gran mayoría de los municipios confinados presentaban ya cifras de IA por debajo de 500 casos por 100.000 habitantes, a pesar de lo cual el confinamiento persiste a día de hoy.

En conclusión, las medidas adoptadas por el gobierno central en relación al control de la pandemia solo pueden entenderse como un ejercicio de despotismo absoluto, con el agravante de que a la limitación de derechos fundamentales de los madrileños se suma una incorrecto abordaje de la crisis sanitaria y unas devastadoras consecuencias para la economía madrileña, que va a perder hasta 4.000 millones de euros por cada semana de confinamiento, con el consiguiente perjuicio para empresas y trabajadores.

– Pedro Sánchez el narcisista

Los principales rasgos que caracterizan a todo narcisista son la autoimagen de superioridad, el deseo de ser el centro de atención, la necesidad permanente de reconocimiento, la incapacidad para asumir las consecuencias de sus actos cuando éstas son negativas, así como una absoluta falta de empatía con el mundo que le rodea.

Pues bien, todos ellos son rasgos presentes en la personalidad de P. Sánchez. Dado que son muchos los ejemplos que podemos poner para corroborar dicha afirmación, nos centraremos en uno que resulta particularmente ilustrativo.

Así, en la negociación con la Unión Europea para conseguir los fondos que han de permitir paliar las consecuencias económicas de la crisis sanitaria, P. Sánchez no tuvo más remedio que aceptar tanto la cuantía del dinero a recibir, como las condiciones que le impusieron para recibirlas los llamados países frugales.

A pesar de no lograr ni de cerca sus objetivos, P. Sánchez vendió a los españoles que había conseguido un éxito sin precedentes, al que denominó nuevo Plan Marshall. No contento con el autobombo que tales declaraciones suponían, P. Sánchez montó una especie de reality show con las cámaras de televisión grabando su entrada en La Moncloa entre los aplausos de sus aleccionados ministros, cayendo así, de forma vergonzosa, en el mayor de los ridículos.

En conclusión, cabe señalar que P. Sánchez padece un cuadro de egolatría en grado sumo, lo cual le convierte en un fantoche en romería, por lo que solo nos queda recomendarle la inmediata contratación de un especialista en psiquiatría capaz de poner remedio al grave trastorno de la personalidad que padece.

Rafael García Alonso ( El Correo de España )

viñeta de Agustín Muro