LAS URNAS SON TAMBORES

Se oyen cada vez más cerca las urnas, que suenan como tambores avisando el bloqueo a un Gobierno débil, inestable, con compañeros de viaje que van a otro lugar. Sigue Pedro Sánchez en Moncloa, pensando certeramente que, salvo el poder, todo es ilusión; mientras, el teatro, pasión española, continúa entre arañas, cortinas, claqués y pateos.

La Mesa del Congreso tumbó ayer la argucia de filibustero para torpedear el veto del Senado con el objetivo de colar los Presupuestos. Una ministra me dijo instantes después de la decisión de la Mesa: «La voluntad del Gobierno es seguir trabajando para hacer efectivo un programa de avances sociales y de política de igualdad.

España necesita estabilidad y no puede estar todo el día pendiente de citas electorales, que responden más a intereses partidistas que a intereses generales». Javier Maroto declaró, inmediatamente, que España necesita «elecciones generales ya», entre otras razones, para evitar el infierno fiscal que urdían Pablo y Pedro.

El Gobierno Sánchez cuenta con la ayuda de Pablo Iglesias, empujándole a no decepcionar, trabajando con él para llegar a acuerdos. El líder de Podemos ha pasado de ser un demonio zambo y rabudo a convertirse en el hijo de la aurora. «Los dos adversarios de la izquierda -dicen en El Periódico– hacen equilibrios en el alambre. Necesitan a la vez ser distintos y abrazarse». El Gobierno sigue mirando de reojo las encuestas que señalen el momento propicio para la convocatoria electoral.

¿Está Podemos desengañado de su fantasía de sorpasso? ¿Tiene que resignarse a ser una IU ampliada? Iglesias sigue apoyando a Sánchez, pero el futuro no depende de Pedro y Pablo, sino de Puigdemont, que tiene en sus manos el mando para apagar la legislatura. Aquel espejismo de los nuevos partidos de adelantar por la derecha o por la izquierda a las dos fuerzas hegemónicas parece exorcizado.

Hubo momentos en los que Podemos superaba al PSOE; y Ciudadanos, al PP. Ahora, el bipartidismo, tocado pero no hundido, intenta reaparecer. Pablo avisa diciendo que nunca volverá a haber un Gobierno monocolor. Quiere alargar la legislatura, pero parece difícil evitar elecciones hasta 2020 con una suerte de pacto de izquierdas, que siempre suele terminar mal.

Pedro y Pablo aspiran a modificar el pasado, como lo intentó en sus 1.000 días al frente del PSOE Joaquín Almunia. Cuenta que preparó la oferta con un grupo de colaboradores –RubalcabaVarelaBarroso– y se lo comentó a Felipe González, que le contestó: «Yo no lo haría».

La «casa común» fue siempre inhabitable. Ha sido posible en Portugal con el Gobierno de la geringonça; en España, el «frente popular» suele ser, como ahora, clandestino.

Raúl del Pozo ( El Mundo )