Las verdades de Valls

Manuel Valls, hijo del celebrado pintor español Xavier Valls, es ante todo un político coherente. Probablemente porque lo ha marcado la cultura política francesa, además suele hacer lo que dice. Demuestra determinación y firmes convicciones democráticas.

Es fácil imaginar, por todo ello, que observe escandalizado lo que ocurre en Cataluña, donde unos sediciosos, jaleados por unas élites económicas, creen que pueden inventar una constitución, un país, una hacienda propia y una legalidad, mientras el Estado de Derecho tiene que mirar para otro lado, como si ellos, por el hecho de vivir en Cataluña –ya ni siquiera nacer–, son fuente de autoridad.

No acabamos de saber por qué unirse para delinquir contra el Estado y la democracia hay que considerarlo muy actual y quienes defendemos la legalidad somos casposos. ¿Solo porque no vivimos ni nacimos en Cataluña? Reléanse un manual de historia de las ideas políticas y sabrán cómo se llama eso: fascismo.

Por eso tiene toda la razón Valls cuando reprocha a esa burguesía económica y social catalana su enorme irresponsabilidad al llevar a una parte de la ciudadanía al matadero social, que es donde están ahora mismo.

El Astrolabio ( ABC )