La derecha o España nacional quiso cubrir todo aquello con la túnica ensangrentada del olvido y el perdón. Borrón para tanta calamidad y cuenta nueva para crear un mejor futuro. Otro daño sí fue registrado y puesto en valor por la agenda oficial de la administración franquista que ayudó a la reconstrucción de la España devastada por la guerra civil. La guerra iniciada por los socialistas o rojos, hoy «progresistas» en la mentira y el mal.

Aquel título de «Regiones Devastada» se quedó con el nombre de «Regiones» y fue famoso ángel salvador en la posguerra, al colaborar y poner a disposición de los más afectados materiales y medios para reconstruir la catástrofe de la contienda.

El daño moral es el que no se pudo reparar. Tampoco registrar. Se necesita un estudio sobre todo del daño inferido por los rojos y víctimas que dejaron en el camino que no fueron registradas, muchas enterradas en las cunetas de cuyos hechos echan ahora la culpa a los nacionales o franquistas que nunca actuaron así.

Echan la culpa los que crearon un modo de vida bien pagado de estos macabros hechos que ignoran, como es ese de atribuir los enterrados en las cunetas a los nacionales que jamás hicieron nada eso y actuaron siempre bajo el rigor del orden y la disciplina, que brillaba por su ausencia en el bando contrario, adonde reinaba el pistolerismo.

Todas las penas capitales correspondientes a un estado de guerra se llevaron a cabo en cada plaza por el gobernador, resueltos en tiempo y forma, legalmente mediante juicios de los juzgados del momento.

En el excesivo y continuado despilfarro económico de la memoria histórica que ahora llaman democrática, todo es mentira, fácilmente comprensible que es así, viniendo de donde viene. La memoria histórica de estos revanchistas no es más que un atraco a mano armada. Lo primero que omiten y manipulan son los miles de asesinatos en toda España hasta provocar la guerra que estalló cuando asesinaron al jefe de la oposición Calvo Sotelo, lo que ya hizo levantarse al ejército de África.

Pasada la guerra la España nacional no quiso más que olvidarlo todo y no remover la mierda, por lo duro y cruel que fue todo, y quizá peor en los pueblos. Así llegamos hasta una pacífica y ejemplar transición, cuya paz ya no soportaban las izquierdas y debían romper como fuera.  En los años previos a ZetaP y en su reinado revolucionario, tampoco la España normal quería ver ni en pintura el tema de la guerra que traía ZetaP con la ETA, volviendo a las andadas.

Los testigos no querían hablar nada al ser tan desagradable. Para hablar por los codos ya estaba la izquierda que reaccionó pronto y se atribuyó la «superioridad moral», y empezó a chupar dinero. El victimismo fue explotado pese a que muchos ya estaban chupando desde la muerte de Franco. Era un chollo ser de los «vencidos» y víctimas del franquismo, y cobrar dinero a espuertas, cosa que aún no ha cesado. No quedó ni un alma que no se apuntara a subir al carro del que sacaron mucho dinero real y falsos reconocimientos.

Medio mundo vive de engañar al otro medio, dice. O sea, media España aún sigue en esas, en la inteligencia de que a ellos les corresponde apañar las nueces del nogal que antes movieron. Todo lo que sea no doblar el lomo y trabajar, es bienvenido. Los comunistas son unos vagos redomados y critican mofándose a los obreros de derechas que trabajan. No entienden que un trabajador pueda ser de derechas. Solo entiende las cosas como les da la gana, cosa hartamente antigua.

El predominio de la izquierda nada más cargarse el espíritu de la transición, paz y trabajo, se generalizó, y no trajo más que rencor y destrucción. El robo por decreto ley, y la subvención de todo el que sea enemigo de España. Enemigo de la pacífica clase media, mejor herencia del régimen anterior, y la vida normal en Paz, trabajo y armonía.

El respeto, la ilusión y la Fe. Los nuevos rojos no trajeron más que odio, división y mierda, donde radica la ruina económica. Pero una de las primeras cosas que se cargan es el respeto -así son ellos-, pues lo acreditan en la vida y en la muerte; profanando tumbas e intentado hacer todo el daño que puedan sin otra motivación que su voluntad perversa.

No les basta con destruir la vida, que en lo abominable de sus malas intenciones se meten con la aberración de la muerte. No les llega con destruir los vivos, sino que también se meten con los muertos, siguiendo su modus operandi propio de siempre. La persecución religiosa fue peor que la de Diocleciano, que duró siglos, mientras que la de estos monstruos, aún más cruenta, la perpetraron en pocos años.

Es una de sus peculiaridades que ocultan al hacer su «gloriosa» historia. (Continuará)

Fígaro ( El Correo de España )