LECCIONES DEL » PROCÉS »

Hace ahora justo un año, por la Sala Segunda del Tribunal Supremo pasaban los testigos del golpe separatista, tantos que se quedaban en la puerta esperando durante horas y el juez Marchena tenía que pedirles perdón por la demora cuando los recibía, algunos al día siguiente de la citación.

Pasado el verano vinieron la sentencia, la gasolina y las llamas, el problema de convivencia, la desjudicialización del conflicto, la votación de la sesión de investidura y la mesa de La Moncloa, con Pedro Sánchez dándole a la manivela. Todo eso se lo puede contar Oriol Junqueras con pelos y señales a los alumnos que han tenido la suerte de que les toque de profesor en el campus de Manresa.

Junqueras se sabe al dedillo la historia de un «procés» cuya segunda parte es aún más hiriente que la primera, la que dirigió Puigdemont a grito pelado, exhibicionista de sus propias carencias. Cada maestrillo del golpe tiene su librillo y Junqueras, que escribe cuentos infantiles en la cárcel, luego recomendados a los niños por la Generalitat, es más discreto y recocido. El primero no pasa de Perpiñán y el segundo llega ya hasta Manresa, donde desde ayer hace valer el título de doctor que comparte con Sánchez para instruir a las nuevas generaciones en la ejecución de un delito que piensa repetir.

«Dada su experiencia académica y su valía como profesor», el rector de la Universidad de Vich lo contrató sin pensárselo. Al nuevo profesor lo aplauden los alumnos según llega a clase, gesto de civismo que transmite el grado de normalización, en menos que canta un gallo y sueltan a un preso, alcanzado en las aulas catalanas, por si algún político de fuera quiere pisarlas.

Dada su experiencia académica, Pedro Sánchez debería pasarse por allí para comprobar el resultado de sus gestiones y completar, también entre palmas, el cuento juvenil que escribe y dicta Junqueras.

Jesús Lillo ( ABC )

viñeta de Linda Galmor