LECCIONES FUNDAMENTALES

El Gobierno de Pedro Sánchez lleva tres meses y tres fotos oficiales. Y si el presidente fuera coherente con lo que tanto reclamó a los demás cuando estaba en la oposición, habría cesado también a Pedro Duque y probablemente a Isabel Celaá. Cinco fotos habría necesitado.

No sé si Sánchez y los suyos habrán tenido tiempo durante estos meses en el poder para reflexionar sobre las nefastas consecuencias de la demagogia de la impolutez. No sé si habrán hecho examen de conciencia y propósito de enmienda.

Porque las crisis de gobierno de los últimos meses no han sido debidas a la fragilidad parlamentaria del PSOE, ni a ninguna conspiración, ni a una oposición especialmente agresiva. Lo que han sufrido Pedro Sánchez y algunos de sus ministros ha sido el linchamiento con que los distintos partidos populistas -con Ciudadanos y los socialistas a la cabeza- llevan años degradando el debate político español.

En España, y esto es extraordinario, hay un partido político populista para cada tipo de estupidez, desde el ecologismo hasta el independentismo, pasando por cualquier variación posible de la izquierda. Todos estos partidos, algunos antagónicos entre ellos, tienen dos características en común: la primera, su afán, muy de «La vida de los otros», de escrutar con lupa las imperfecciones de sus adversarios, como si los políticos tuvieran que vivir en un plano moral superior al del resto de ciudadanos. La segunda característica es que cuando luego se les reclama la pureza que tanto exigen, nunca están a la altura de poder mostrarla y se quejan entonces de la cacería de brujas que alguien ha organizado contra ellos.

Estaría bien que Pedro Sánchez extrajera alguna lección de lo que durante estos meses ha padecido. Felipe fue valiente cambiando de opinión con lo de la OTAN, y propiciándonos el ingreso. Si no aprendemos es como si no viviéramos. Si no mejoramos es como si no mereciera la pena lo que vivimos, como si este tiempo no hubiera sido nunca nuestro.

Los linchamientos son totalitarios, son cobardes, y no olvides que la hoguera que hoy enciendes para tu enemigo permanecerá ardiendo hasta quemarte a ti. La corrección política es una forma de tiranía, y una de las más repugnantes, porque un mundo en que en lugar de esperar los mejores frutos de nuestras virtudes, nos aguarda en las esquinas para acuchillarnos con nuestros defectos y nuestras debilidades, es un mundo condenado a vivir sin esperanza.

Salvador Sostres ( ABC )