LEÓN COME GAMBA

Sánchez se llevó a Iglesias a La Moncloa para gritarle al mundo que no está solo y que juntos suman 156. La paradoja del Gobierno de Sánchez es que necesita plomo en las alas para despegar. Iglesias se lo suministra gustoso. Ambos parecían satisfechos y colmados. Sánchez encuentra por fin un aliado estable y, como escribió John Müller, envía un mensaje directo al votante de Podemos: puede asumir sus demandas.

Sin embargo Iglesias consigue un doble propósito, que persigue desde el verano, cuando cambió su estrategia: por un lado, separar al PSOE del centro y cortocircuitarle cualquier posibilidad de crecimiento por su derecha y, por otro, apropiarse de la agenda social. No tardó ni cinco minutos en colgar un vídeo en su tuit asociando los logros a las movilizaciones que patrocina.

Lo dijimos en La envolvente de Iglesiascede a Sánchez la guerra de trincheras y opta por la de posición, consistente en conquistar espacios ideológicos y políticos en aras de alcanzar la hegemonía. Sánchez quiere parecerse a Iglesias, pero cuando Bruselas examine los papeles, Iglesias no se moverá de su sitio. Si Sánchez cumple o sólo le tumban los nacionalistas, los dos ganan; si incumple, Iglesias agitará su agenda social y marcará distancias. Iglesias se permite este combate porque ahora tiene menos urgencias y una certeza: no será presidente. Sánchez no disputa porque cada día tiene su afán, renuncia, trápala, giro o desmentido. Confía ciego en sobrevivir.

Sánchez presenta un acuerdo presupuestario. Pero el co-comandante Iglesias, instruido en bolchevismo, ha signado un programa político y fundacional. La economía es un instrumento de transformación política y cultural. Nos hemos centrado en lo cuantificable y obviado lo bolivariano: la introducción es calcada de los programas electorales de Podemos e incluye la dialéctica entre mayoría de la gente y minoría privilegiada; sitúa la economía al servicio de la política; sostiene que España cambió el 8-M, que la «igualdad de género había retrocedido hasta niveles dolorosos»; como otros derechos, que, junto con «la crisis de representación de las instituciones y organizaciones tradicionales», han desembocado en la pérdida de «confianza en la política como herramienta para articular soluciones a los problemas de la gente».

No es un plan presupuestario sino un diagnóstico ideológico, un artefacto excluyente de ruptura y un compromiso de cogobierno que Sánchez le firma a Iglesias, que calcula que el león de hoy es la suculenta gamba de mañana.

Javier Redondo ( El Mundo )