201 diputados han votado a favor de esta ley, 140 en contra, 3 se han abstenido, y seis han pasado de cumplir con sus deberes…

Pero, salvo que alguno estuviese enfermo, esos seis pasotas deberían ser duramente sancionados, al igual que sucede en cualquier empresa dónde si no vas a trabajar, sin causa justificada, te descuentan las partes proporcionales del salario, incluidas las vacaciones, pagas extraordinarias, etc., y te imponen la sanción correspondiente.

Lamentablemente ya sabemos que los diputados y senadores, en particular, y los políticos, en general, están por encima del bien y del mal…

La ley, fruto de la obsesión legislativa de unas desequilibradas, agrupadas en torno al Ministerio de Igualdad, pretenden justificar sus magros salarios, estableciendo leyes que dividen a la sociedad, y no apartan más que una gran inseguridad jurídica, propiciando toda clase de venganzas contra ex parejas, como forma de sacarles dinero a antiguos amantes, etc.

Y ya sabemos que las mujeres son unos seres angelicales, de luz…, hasta que dejan de serlo.

El Ministerio de Igualdad no tiene ningún sentido, pues la igualdad entre hombres y mujeres ya hace años que existe. En realidad debería llamarse Ministerio de Supremacismo Femenino, pues eso es lo que pretenden, y la verdad es que lo están consiguiendo.

A salvo de la segunda lectura en el Senado, que normalmente no sirve para nada, entre otras cosas por la propia inutilidad del Senado, o que caiga la legislatura, esta ley se incorporará a nuestro ordenamiento jurídico, dentro de poco, y si Dios no lo remedia.

Y será Ley (el  papel lo aguanta todo), pero no Derecho.

Los hombres, nosotros mismos, nuestros hijos y nietos, en su caso, serán delincuentes en potencia, según lo quiera su esposa, novia, amante despechada o, como dicen ahora, follaamiga.

En efecto, ¿dónde está el consentimiento…?

¿Qué pasa si la  amante despechada revoca en consentimiento a posteriori, en función de sus propios intereses?

Pues que el hombre lo tiene jodido, muy jodido.

Es la palabra de uno contra otro,  con el pequeño inconveniente de que la palabra del hombre no vale nada, y la de la mujer, de cualquier mujer, va a Misa.

Así lo han querido nuestros legisladores, desde la Infausta ley de violencia de género de 2004, durante la égida destructiva de Zapatero, a la que siguió el inútil gobierno de Rajoy, que fue incapaz de derogar la ley del aborto, ley de la memoria “histérica”, etc., o el caballo de Ática en que se ha convertido en sin par Pedro Sánchez.

Los últimos casos criminalizados de relaciones sexuales consentidas, toda la algarabía que se ha montado sobre el particular, básicamente por las feministas y lesbianas, muchas de las cuales identifican al pene con un instrumento de dominación masculina, etc.,  me obligan como jurista a recomendar la firma previa de un documento, que podríamos llamar el consentimiento sexual informado.

No se rían, no, que en USA, por ejemplo, esta cuestión está en pleno furor en las relaciones sociales y sexuales, y circulan incluso formularios de consentimiento por las redes sociales, y en las pantallas de los móviles.

Por cierto, no sé si firman con un dedo, con un beso, o con el  pene, en funciones de pluma estilográfica.

Aunque es cierto que esta firma, que podríamos llamar presexual, puede asegurar jurídicamente al varón, con la nueva ley no por ello se librará de las grandes responsabilidades penales en las que puede incurrir, si la “amiga” opta por denunciarle, tras consumar el polvo, digo el sexo.

En efecto:

  1. ¿Qué pasa si la niña en cuestión no llega al orgasmo…? ¿Es denunciable, y puede ser objeto de responsabilidad penal?
  2. ¿Y qué sucede cuando el hombre es de tiro único? ¿Puede ser investigado por ello, y, en su día, condenado…?
  3. ¿Qué tipo de relaciones se permiten, consienten y desean? ¿Solo el coito normal y corriente, en la posición del misionero?

¿También las felaciones y el  cunnilingus?

  1. Y, por último, pero no menos importante, ¿y el sexo anal…? ¿Se permite o no se permite?

Porque ese es otro problema:

  1. ¿Las relaciones deben ser con preservativo o no?

Y en el caso de que se utilice el  preservativo, ¿será de forma parcial o total, es decir, durante la totalidad de la relación, o solo en una parte de la misma?

  1. ¿Qué sucede cuando el hombre eyacula en la boca de la mujer, y a ella le da asco…? ¿Es una agresión sexual, o es, simplemente, un eyaculador precoz?
  2. Y, por último, pero no menos importante, si la chica es menor de edad, ¿Quién debe firmar el consentimiento, la madre, el padre, o ambos…?

Ya me imagino al cuarentón que se va a beneficiar a una chica, por supuesto de mutuo acuerdo,  diciéndoles a los padres: “firmen ustedes aquí, que me voy a calzar a su hija, que está muy buena”.

Esto es lo que tiene llevar las relaciones sexuales al absurdo, criminalizándolo todo.

Y la cajera de supermercado, que se lía con un macho alfa, y le ofrece sus favores sexuales, a cambio de que la haga diputada, y hasta ministra, ¿también lo firmó en un contrato sexual, o fue solamente un contrato “oral”…?

Ramiro Grau Morancho ( El Correo de España )