Por primera vez, la estrategia independentista de blandir la universidad como ariete del procés ha chocado con la denuncia pública de los dos centros más importantes de Cataluña.

Como informamos hoy, los rectores de la Universidad de Barcelona y de la Autónoma dicen basta tras ser víctimas de presiones constantes.

Es intolerable que dirigentes radicales como Torrent -que pisotea la neutralidad que emana de su cargo- les conmine a apoyar resoluciones independentistas del Parlament que preside.

Y es una repulsiva irresponsabilidad que se quiera convertir los campus en epicentros de una Diada improcedente en plena pandemia. Al secesionismo catalán se le cae la careta definitiva: por encima de las vidas, su delirio.

La Universidad, un espacio para formar ciudadanos libres y críticos, hace bien en plantarse ante los intentos de degradarla a fosa séptica del pensamiento único.

El Mundo