Ley a ley, decreto a decreto, cacicada a cacicada, el Gobierno está llevando a cabo un liberticidio de proporciones desconocidas en democracia, perpetrado al amparo de una pandemia que actúa como inhibidor de nuestra capacidad de respuesta al tiempo que acrecienta su descaro.

Si al principio Pedro Sánchez mostraba cierto pudor ante sus pactos con el separatismo catalán sedicioso y los herederos de ETA, ahora calla y asiente cuando Pablo Iglesias presume de las compañías que han permitido a la coalición garantizar su supervivencia con la aprobación de unos presupuestos.

Calla, asiente y sonríe, satisfecho, dejando que su lacayo se atribuya la autoría del plan mientras él señala objetivos sin tener que mancharse las manos.

Isabel San Sebastián ( ABC )