LIBROS DEL FUTURO

La historia es distinta cuando se vive a cómo se cuenta unos años después, y por eso una vez que pase todo esto y la pandemia del Covid 19 sea una referencia que recogerán los libros del futuro, habrá ciudadanos que hoy son niños o tal vez aún no han nacido,  capaces de hacer un análisis sosegado, realista, y posiblemente justo.

Eso  hoy es imposible y  creo que los que estén escribiendo  algún libro sobre lo que nos está pasando, lo estarán haciendo sin ninguna perspectiva  y no  podrán aportar  datos  contrastados de interés, salvo que se trate de estadísticas o consideraciones médicas.

En cambio será muy sencillo hacer un recopilatorio de bulos o noticias falsas, exageraciones,  campañas de difamación o  declaraciones para la historia de la mediocridad  hechas por personas cuya obligación era aportar soluciones o arrimar el hombro a un proyecto común.

Posiblemente el mejor patrimonio que tienen los pueblos y que deberían conservar intacto es la memoria de lo que les ha sucedido en el pasado, pero la urgencia con la que vivimos y morimos ha  infantilizado a  los países del mundo y desnudado  las carencias intelectuales, culturales  y morales de  los ciudadanos  que  parecen haber olvidado la pandemia  que supuso la Segunda Guerra Mundial.

Después de aquel período que se llevó por delante a sesenta millones de ciudadanos y empobreció a Europa, las  naciones democráticas se  unieron  en torno a un proyecto común de intereses y valores, al que nosotros no pudimos incorporarnos hasta que recuperamos la democracia como sistema de gobierno.

Hoy hay demasiada gente  importante que está en  la acción cutre del regate corto o encerrada en la defensa numantina de su propio trasero, y quienes afirman que nuestros políticos son reflejo de nuestra sociedad están ignorando un matiz importante. Las sociedades no son uniformes, y los mejores no siempre van a la política, sino más bien los que, con el pretexto de hacer un servicio público, quieren garantizarse sueldo y privilegios que nunca obtendrían por sus propios méritos y esfuerzos. Pero tenemos lo que tenemos y es a ellos a los que hemos elegido, así que cada palo aguante la vela de sus errores.

La historia nos juzgará a todos: a los ciudadanos y a nuestros representantes…pero eso lo contaran los libros que no podremos leer porque lo escribirán nuestros nietos cuando sean mayores de edad.

Diego Armario