LIGUERO DE CALCETINES

Pedro Sánchez, después de la larga operación de muerto que le había hecho el Supremo al país o al currante, como doctores de Rembrandt, salió en televisión para arreglarlo todo. La ley era socialista, el reglamento lo firmó Solbes, llevaba lo de las hipotecas más de veinte años funcionando con las reglas de la casa, como si fuera ya el tute o una pensión.

Pero se anunciaba la comparecencia y en las televisiones había una premura aldeana, como el pastorcillo que espera la aparición de una Virgen limonera. Sánchez salió por fin, a caballo sin caballo, con esa cara de glorieta que debe tener un presidente a veces, la cara del destino, de ese bronce romano que sólo hacen la verdina y los pájaros con la historia verdadera. Ese serio gesto de resolución y cintarazo, como el de un subastador.

Ese pasarle el impuesto a los bancos, que después se lo endosarán al particular, cambalache contra el que Sánchez sólo tenía la esperanza de la buena voluntad de los banqueros, un poco compañeros de glorieta y forjado. Pero ahí teníamos el gesto, otra foto para su pose de centauro, porque los centauros sólo posan para el zodiaco, ni trotan ni lanzan la flecha, que es como una manecilla.

El PSOE no se había quejado hasta ahora del impuesto ladrón ni de la elección de los jueces del ático. Ni siquiera el sanchismo de Nueva Acrópolis. Ni el PP. Tampoco Podemos ha propuesto cambiar nada. El prorrateo de jueces nos parece algo tan español como el parchís. Y esos mismos héroes del pueblo ya habían subido ese impuesto antes, y sin que ningún banquero los besara desde detrás como el señorito.

Me encuentro a Susana Díaz, de campaña, indignada en Canal Sur. La Junta de Andalucía también lo subió, en 2012. Está al lado de María Teresa Fernández de la Vega, que me devuelve al recuerdo de Solbes, aquel señor búho de la crisis que también fue el poeta de estas hipotecas contra la gente, cuando aún no eran contra la gente. Susana, Pedro, los de las manifestaciones faroleras, todos contra los bancos, carne de camiseta.

Que nos devuelvan el dinero y tal, aunque el marrón fuera para la hacienda pública. Podrían repartirse a pachas el bochorno y el reproche, pero creo que estos políticos de fontana aún dan más vergüenza que los jueces con liguero de calcetines.

Luis Miguel Fuentes ( El Mundo )