EL LLANTO DEL NACIONALISMO

El nacionalismo llora la rendición de Puigdemont desde un hotel de lujo de Bruselas en un retrato ideal del proceso separatista que ha llevado a Cataluña al límite.

El 15 de marzo del 44 a.C., Julio César era acuchillado por la espalda en las escaleras del Senado romano. La conspiración para acabar con él llegaba a su apreciado Décimo Bruto Albino, al que el cónsul y dictador espetó una frase que pasaría a la posteridad: “¿Tú también, Bruto, hijo mío?”

Algo parecido debió pensar Puigdemont cuando vio que el presidente del Parlament, Roger Torrent, decidió suspender el pleno de investidura ante la negativa de la justicia española de validar la candidatura del líder secesionista. Los mensajes enviados a Comín, descubiertos tras un error de este, muestran la verdadera cara del independentismo: un proceso que ha llevado a Cataluña al límite engañando a la población gracias a una maquinaria de ingeniería social que ha contado con la connivencia del Gobierno de Mariano Rajoy.

“Los nuestros nos han sacrificado, al menos a mí”, aseguró Puigdemont, que horas antes había lanzado un mensaje de optimismo al separatismo. El expresidente hizo referencia a un supuesto ‘plan de Moncloa’ para encarcelar a los políticos que están en prisión, pero se equivoca. El plan de Rajoy y Soraya Sáenz de Santamaría fracasó por incomparecencia y sólo la reacción de la sociedad civil ha permitido sortear, por el momento, una situación extrema.

El Ejecutivo, que nunca quiso aplicar el artículo 155, tomó la decisión tras la presión de la calle y una vez que el golpe se hizo insoportable, pero sin la firmeza que requería. Impulsó una versión light del 155, pues no se atrevió por exigencia del PSOE a tocar TV3. La cadena pública continúa siendo hoy un instrumento de propagación de la insurrección y de odio a España. Sin ir más lejos, el pasado jueves en el informativo la dirección de la cadena sólo decidió emitir testimonios de ciudadanos que aseguraban que eran “un pueblo oprimido”.

No obstante, Puigdemont debe saber que el único plan que ha funcionado y funcionará se llama España. La razón es simple: 500 años de historia común avalan este proyecto y los delirios secesionistas de unos pocos no podrán fracturar nunca lo que generaciones y generaciones de españoles han construido.

El nacionalismo colmó las calles de familias, de jóvenes y ancianos, y sobre todo de esperanza. Esperanza de ver a los líderes golpistas en la cárcel. Esperanza al ver que, tras años de monopolio independentista, el pueblo volvía a llenar las plazas para decir alto y claro que Cataluña era parte indispensable de España.

Entre tanta oscuridad política, apareció un halo de luz y la ciudadanía demostró al independentismo que el futuro de este país únicamente se pronuncia con seis letras: E S P A Ñ A.

Arturo García ( La Gaceta )