LLEGAR A TIEMPO

Sánchez es una mala metáfora, una frase inconclusa, una duda intelectual, una deficiencia ética, una apariencia fatua, un quiero y no puedo, un ombligo infinito, un psicópata que se entrena y un mal educado caprichoso.

En primero de urbanismo, o en segundo curso de educación cívica se aprende a no llegar tarde a una cita con nadie, pero si la persona a la que vas a ver para un asunto oficial es el Jefe del Estado, tampoco debes hacerlo esperar, porque en caso contrario, que es el que nos ocupa hoy, te comportas como Cagancho en Almagro.

Sánchez es un producto de la decadencia moral, ética y estética de nuestros tiempos – su guapura empalagosa y cursi no tiene nada que ver con el concepto al que me refiero – y por más que se vista con la corrección que exige el protocolo a veces se comporta como si fuese con chanclas y pantalón corto a una reunión institucional.

La democracia permite que cualquier ciudadano, hombre o mujer, llegue a lo más alto de la administración pública si obtiene el suficiente respaldo electoral o parlamentario para presidir un país, y nadie debería dudar de que el doctor cum laude y con Falcon ha gobernado durante unos meses con ese apoyo legítimo de quienes se pusieron de acuerdo para derrotar a Rajoy en una moción de censura.

El problema que tiene este caballero es que no consigue que le apoyen ni los que le son más cercanos ideológicamente , con lo que sus planes de hacer ante notario la escritura de propiedad del Palacio de la Moncloa le están fallando.

Su desprecio por los demás es infinito, incluido el que siente por Pablo Iglesias, de quien decía que iba a ser su socio preferente, y lo está tratando con la soberbia del odiador rencoroso y vengativo.

Pero no haré comparaciones que no se sostienen, porque el Jefe del Estado, Felipe VI, guste o incomode a quienes están en contra de la institución, supera en millas marinas al personaje que nos ocupa en formación académica, dominio de idiomas, experiencia internacional y sentido de estado.

Tal vez algún lector piense , y acierta, que hoy no sabía de qué escribir y he recurrido a la truco fácil de darle leña al mono, pero eso no es óbice para que sea cierto lo que precede.

Los anteriores Presidentes de gobierno – alguno de los cuales, como Josė María Aznar parece ser que no tenía una buena relación con el Rey Juan Carlos- supieron mantener el respeto institución que desconoce o desprecia el presidente en funciones con vocación de eternidad, Sánchez Castejón.

Diego Armario