LLORO PORQUE ME DA LA GANA

Federico García Lorca en su “ Poema doble del lago Edén”  escribió “Quiero llorar porque me da la gana”.   

El argumento es indiscutible y podríamos dibujar un sin fin de razones por las que la gente se emociona.  Yo por ejemplo   oculto mis lágrimas en la oscuridad de un cine cuando veo algunas películas,  e  imagino que  el día que pueda volver a abrazar a mis nietos también sentiré un nudo en la garganta, pero esa vez no disimularé.

Estos días,   en los que la gente está con la sensibilidad más a flor de piel,  se multiplican los momentos de tristeza y muchas personas expresan en público el dolor que sienten no solo por sus familiares y amigos que lo están pasando mal y se van yendo, sino también por el sufrimiento y la muerte de personas desconocidas que desparecen en soledad.

A mí personalmente me llegó al corazón la imagen de la ministra de Defensa Margarita Robles a la que ni siquiera la mascarilla que tapaba todo su rostro menos los ojos, pudo disimular su emoción que sentía  el día que presidio en IFEMA el cierre del pabellón en el que habían estado los féretros de los fallecidos, y pronuncio unas palabras diciendo que nunca habían estado solos porque los miembros de las Fuerzas Armadas que les velaban estuvieron allí y en, algunos casos, rezaron por ellos.

También hemos visto estas semanas a médicos, enfermeros y personal sanitario  han tenido que tragar saliva mientras les entrevistaban en una televisión para frenar el llanto que amenazaba con traicionarles en ese momento, y hace escasas horas la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Ayuso, vestida de negro por respeto a los  casi 24.000 muertos en España se emocionó en la misa que se celebraba en su memoria en la Catedral de la Almudena.

Esas lágrimas  parece ser que les han sentado mal a algunos  que han querido ridiculizar unos sentimientos que  no tienen que ver necesariamente con las creencias religiosas sino con el respeto por los que mueren.

La vida está hecha de sonrisas y llantos. Cada uno expresa sus sentimientos como quiere. Unas veces se llora de dolor y otras de alegría y tanto derecho tienen a hacerlo Margarita Robles o Isabel Ayuso, como Pablo Iglesias. Ellas por los muertos y él por su aumento de sueldo cuando supo que iba a ser vicepresidente del gobierno.

Diego Armario