¿ LO ESCUCHAN ?: ES EL PARIPÉ

Tiene un problema Carme Forcadell si, finalmente, como pidió en su alegato final en el juicio del procés, los jueces se ponen a juzgar actos probados, y no lo que pidieron el resto de acusados, que miren para otro lado, y traten de no empeorar un problema político con una sentencia excesivamente condenatoria.

Forcadell sabe muy bien lo que es mirar para otro lado, como cuando trató de hacerse pasar por oficinista, en lugar de como ex presidenta del Parlament, y declaró que se vio obligada a tramitar las leyes de transitoriedad y desconexión; aunque no explica cómo ignoró siete advertencias del Tribunal Constitucional.

De hecho, su única posibilidad, como alegaba la defensa de Joaquim Forn, es que la Justicia considere que no hubo declaración de independencia, sino un paripé, lo que supone considerar que el juicio es también un paripé, y que lo que llevan haciendo los políticos independentistas de Cataluña en el último lustro es apenas un paripé carísimo.

En nada nos reconocemos más como españoles que en el paripé. Fue el enésimo guiño de la defensa para que los villanos cayeran simpáticos, como Gru. Saben que, si dejamos actuar a la Justicia, al paripé carísimo se le llama malversación; y al resto de paripés, ante la ausencia de esta palabra en el Código Penal, pues violencia, o rebelión, o sedición, o golpe de Estado.

Yo creo que hizo bien Oriol Junqueras en apelar a sus valores cristianos en su minuto de oro, porque Jesucristo murió en la cruz por saltarse leyes que consideraba injustas; y le habría quedado redondo de encontrar un versículo en el que justificara la malversación. Pero lo más parecido es la piedra que le dejó a Pedro para edificar su iglesia y que Junqueras se tropezara.

Devolver el paripé a la política podría considerarse una gran victoria del independentismo, tan relevante que no habría ningún motivo para no repetirlo. Jordi Cuixart ya argumentó como defensa su voluntad de reincidir, y con su mera mención ya brotaron las dos Españas: la que le ve como un superhéroe romántico de la libertad y la democracia; y la que le ve como a Bartolo, el miope con gafas de pasta y voz nasal, inventado por José Mota, que se mostraba arrepentido por violar camioneros de la M-30, aunque aseguraba que lo volvería a hacer.

El problema de olvidarse de la Justicia y devolver el paripé a la política es el paripé y no la política, algo a lo que no están dispuestos los catalanes no independentistas, pero mucho menos los independentistas.

Ricardo F. Colmenero ( El Mundo )