LO GRATUITO Y LO PÚBLICO: CONCEPTOS

ALBERT Rivera ha propuesto que niños y niñas reciban clases gratuitas de inglés durante el mes de julio. Entiendo que al decir gratuita quiere expresar que los padres que decidan que sus hijos acudan a esas actividades no tendrán que desembolsar nada por ello. Pero, como todos sabemos, que las familias no abonen nada directamente no quiere decir que esas clases no cuesten. Porque habrá que pagar a los profesores que las imparten, a los conserjes que cuidarán de los centros esos días, la apertura de los colegios, la luz o el agua que se consuman…

Es decir, en este caso ‘gratuito’ significa que no paga quien recibe el servicio concreto, pero sí lo hace el contribuyente con sus impuestos. Ésta es la principal razón de la existencia de un sistema fiscal en un país desarrollado: El Estado reparte entre todos los ciudadanos que pagan impuestos el coste de los servicios públicos y asistenciales para que, en la medida de lo posible, quienes tienen menos no se queden atrás en su desarrollo social, personal y familiar.

No descubrimos nada, pero de vez en cuando es bueno pararse a pensar que todo cuesta dinero y que lo público consume… recursos públicos. La escuela pública no es gratuita. La sanidad pública tampoco. Si el abono transporte para jóvenes cuesta 20 euros al mes es porque alguien está pagando la diferencia hasta su coste real. Si los libros del colegio de sus hijos son gratuitos es que los contribuyentes -usted- se los están pagando a las editoriales mes a mes en su nómina.

Por eso, los políticos deberían ser un poco más cautelosos al utilizar el término gratuito para los servicios que ofrecen las distintas administraciones a los ciudadanos. No vaya a ser que nos creamos que no cuestan dinero.

Sería un interesante ejercicio que la Hacienda estatal, las autonómicas y las locales nos informaran del coste real que tienen los servicios públicos. Que al final cada mes nos llegara a casa una notita con el importe del colegio de los hijos, de los servicios sanitarios que hayamos usado, del alumbrado de las calles, de la recogida de basuras… Quizá nos serviría para exigir más a quienes gestionan nuestros impuestos.

El Gobierno quiere ahora eliminar los peajes de las autopistas. Ya sabemos, en cuanto lo haga las empezaremos a pagar su mantenimiento aunque ni siquiera transitemos por ellas.

Vicente Lozano ( El Mundo )