LO NORMAL, ORIOL

Cunde la sensación de que la política catalana debería salir del ámbito de los politólogos sesudos para pasar al de Íker Jiménez y Uri Geller. Figura destacada en ese mundo paranormal es Ada Colau. Hace dos años ya dio el primer aviso de su anemia intelectual cuando reinventó el Derecho y proclamó que si una ley no te gusta debes incumplirla. Ayer, la pensadora pro separatista –de abuelos oscenses y sorianos– manifestó que reconoce a Puigdemont como presidente, pero no su República.

Con los puntapiés que le arrea a la lógica, se entiende que la dulce Ada no lograse acabar Filosofía. Puigdemont se ha proclamado presidente de la República independiente de Cataluña, lo cual le ha valido su inevitable cese. Hoy el prófugo belga ya no preside nada, salvo que reconozcas su República, que posee el valor legal de las de los felpudos de Ikea. Ergo lo que dice nuestra Ada es como sorber y soplar al tiempo. Un disparate más de una oportunista que foguea abiertamente el separatismo, pero siempre con algún guiñito cosmético al otro lado para cubrirse sus espaldas electorales. Cantamañanismo transversal.

Paranormalidad en Cataluña ha habido mucha, pero los sucesivos inquilinos de La Moncloa prefirieron dejar a hacer. Mientras pasaba por ponderado estadista que contribuía a apuntalar el sistema, Pujol montó bajo las narices de González y Aznar el Estado catalán en la sombra, que ahora ha emergido en toda su osadía. ¿Nadie se percató? ¿Nadie sabía tampoco que además el molt honorable era un cleptómano? Simplemente el Estado optó por no mirar. Paranormal era también que una Generalitat separatista montase una red de embajadas, pagada por todos los españoles, con el evidente ánimo de minar España.

Pero se toleró, como que TV3 sea un cañón de propaganda xenófoba (de manera inaudita sigue siéndolo tras el 155, por merced de Sánchez). Paranormal es la prohibición del español en los rótulos, o su marginación de facto en las escuelas. Paranormal es regalar la seguridad del Estado a una policía política, pues en eso degeneraron los mossos. Paranormal y delirante es que hasta hace diez días Sánchez e Iceta abogasen por dialogar con los golpistas, o que el Gobierno no se sacudiese su modorra hasta que el Rey dio un palmetazo en la mesa.

Durante años hemos vagado tan espesos que lo de ayer en la Audiencia Nacional, lo normal, a muchos les parece anormal. Nos enfrentamos a unos delincuentes previamente advertidos y multirreincidentes, que han cometido un flagrante golpe de Estado. ¿Cárcel para Junqueras? Nada más normal, querido Oriol. Democracia pura, pues sin respeto a la ley esta no existe.

Gran lección además de nuestro Estado de Derecho, pues a buen seguro Gobierno y PSOE habrían preferido una decisión más liviana de la jueza. Pero en España pervive Montesquieu, la división de poderes. Este es un gran país, una democracia asentada, y no el aquelarre bananero de Junqueras y ese Puigdemont que lo ha apuñalado desde Bélgica con su saga-fuga, fulera y cobardona, oprobioso resumen del envite que ahora expira.

Luis Ventoso ( ABC )

viñetade Linda Galmor