LO OBVIO

Las guerras suelen perderse cuando uno se equivoca de enemigo. Resulta muy reveladora al respecto la última película sobre la figura de Churchill: se ejemplifica una vez más que, para vencer al oponente, hay que superar el antagonismo de los propios. En definitiva, es el empeño de todos aquellos que desprecian la importancia de la unidad en asuntos esenciales.

En la vida política se da con frecuencia semejante confusión, y así sucede lo que sucede. Al leal se le tacha de traidor. Se prefiere escuchar el halago a la advertencia, aunque el adulador de turno no tendrá reparos en dejar tirado al derrotado para echarse en brazos del siguiente vencedor. Esa es su esencia. Ocurre lo mismo con aquellos que pretenden estar con todos, y que en esencia no defienden a nadie.

Es muy habitual en la vida política española, que debería volver a los clásicos para recordar que la esencia del ser humano no ha mudado ni un ápice en miles de años. La irrupción de las fracasadas ideas comunistas, la contumacia de los independentistas, las crisis de identidad de PP y PSOE aconsejan insistir en lo obvio.

El Astrolabio ( ABC )