Más de un centenar de antidisturbios de la Policía se desplazarán en breve desde otros lugares de España a Madrid en previsión de que el clima de la campaña se encone con conflictos violentos en mítines de Vox o del PP a manos de organizaciones de extrema izquierda.

El temor a que la virulencia vuelva a las calles está justificado, aunque no deja de ser una anormalidad impropia en una democracia.

Se ha convertido en una penosa costumbre sectaria que cuando la izquierda prevé malos resultados en las urnas, sublime la crispación y se empeñe en adueñarse por la fuerza del discurso político provocando disturbios y convulsión.

Es su manera de impedir que partidos legítimos ejerzan sus derechos en libertad.

Y si es el Gobierno quien reivindica la Segunda República reescribiendo la historia, y desde la misma sede soberana de una monarquía parlamentaria, alguien en Moncloa deberá reflexionar sobre quién tiene la culpa de que haya que reforzar el contingente policial en una campaña.

ABC