Los resultados que han arrojado las urnas en Andalucía confirman la tendencia que ya se vio en Castilla y León hace unos meses, y en Madrid, donde la izquierda empieza a ser ya una especie de cero a la izquierda que se dedica a sus pequeñas ocurrencias demenciales.
Moreno Bonilla volverá a ser presidente y la presencia de Vox en la política andaluza seguirá obrando los cambios que ya estamos viendo en la comunidad castellano-leonesa y que, inevitablemente, llegarán también, más pronto que tarde, al Gobierno central.
Tras una campaña que ha resultado larguísima, sin apenas nada destacable, salvo la tendencia generalizada en España de intentar estigmatizar a Vox para poder plantear en un tiempo su posible ilegalización, la victoria del PP confirma un evidente cambio de tendencia a nivel nacional que veremos a partir de ahora cómo gestiona Pedro Sánchez.
Es evidente que este nuevo fracaso de la izquierda no tiene que ver con sus candidatos regionales (que era malos, pero no menos que sus jefes), sino con los dislates y atrocidades que está perpetrando Sánchez y sus mariachis desde el Palacio de la Moncloa.
Éste de Sánchez es el gobierno español que ha dilapidado su credibilidad (si en algún momento la tuvo) en menos tiempo. En apenas dos años, España está literalmente hasta el gorro de esta banda de frikis y aficionadillos a la política que nunca tuvieron la más mínima intención de gobernar para el conjunto de los españoles.
Esta izquierda cainita y sectaria sigue con el espejo retrovisor puesto en julio de 1936 y todas sus propuestas políticas van encaminadas a la revancha contra la derecha; a intentar ganar, 90 años después, la guerra que perdieron sus abuelos (y bien perdida estuvo).
Andalucía, «la California europea», necesita recuperarse de los años de atraso, paro y corrupción socialistas, y eso no se consigue de la noche a la mañana, ni tampoco en una legislatura, sino en varias. Ahora habrá que seguir levantando alfombras y acostumbrando a los ciudadanos a que «papá Estado» no les solucione la vida, como pasó con la peonadas y los EREs.
Las dos formaciones comunistas, herederas del cadáver podemita, han sido literalmente barridas y echadas al estercolero de la Historia. Teresa Rodríguez e Inma Nieto son las grandes derrotadas y pagan así su insufrible demagogia exhibida en la campaña electoral.
Vox atempera su tendencia alcista y se queda fuera del Gobierno con este crecimiento con sabor agridulce, porque se esperaba bastante más. Olona era, con mucha diferencia, la mejor candidata, la más preparada, la más seria, la que ha hablado de los temas verdaderamente importantes, la que ha sabido enfrentarse a un bloque que desde el primer día ha intentado descalificarla con mentiras y sandeces. Ahora, Abascal tendrá que recomponer su estrategia política para liderar un gran proyecto de regeneración nacional donde los valores deben primar por delante de la economía.
Enhorabuena a los andaluces que han vuelto a decir no a la lacra del socialismo, la peor ideología de todas las existentes.
Y ánimo a los dos partidos condenados a cohabitar y entenderse por España, a pesar de sus diferencias que siempre parecen mayores de lo que son durante las campañas electorales.
Rafael Nieto ( El Correo de España )