LO QUE ARDE EN CATALUÑA

Respecto de Cataluña, en los últimos años el espacio público se ha reducido a tres grupos: supremacistas, agoreros y equidistantes. Los equidistantes son mercaderes de las ideas cuya aventajada y confortable posición se basaba en la demostración de la superioridad moral de su ubicación: la izquierda.

Acostumbrada a mentarse para no pensarse y evitar examinarse, se atrofió, se quedó sin fuelle y sin ideas y decidió, coincidiendo con el pacto del Tinell, que la única manera de mantener su dominio era excluir al adversario: consumar su superioridad moral sin necesidad de confrontar argumentos.

Los mercaderes consideraron un mal menor condescender con el supremacismo, debilitar la cultura cívica, cargarse a Habermas, erosionar el parlamentarismo y coronar dos cuchufletas, la participación y la horizontalidad. Todo con tal de proteger sus emplazamientos e industria, desarrollada básicamente en torno a la televisión y a la Universidad pública. Los biempensantes, contemporizadores, cautos, incautos, izquierda ética y sosegados fueron arrollados por la propaganda equidistante. Los mercaderes advirtieron una ventana de oportunidad y negocio y la abrieron de par en par.

Frente a ellos, los agoreros. Pensamos que se estaba creando un caldo de cultivo que trascendía el propósito independentista e incluso el proyecto etno-lingüista y xenófobo. Cataluña es el banco de pruebas donde confluyen y fusionan dos totalitarismos. Mas prefirió no verlo aunque tuviera que acceder al Parlament en helicóptero, Puigdemont se nutrió del activismo antiglobalista y Torra se metaboliza en él.

Los agoreros creemos que las raíces del problema son la ruptura de los consensos, el declive de la educación y el repliegue de las élites. Observamos que los mercaderes comercian con la juventud. Los chicos de la indignación, se dice con paternal condescendencia; como los chicos de la gasolina de Arzalluz.

Son los jóvenes mimados a los que se les ha repetido que no tienen futuro aunque lo tengan todo; y a los que no tienen todo se les ha convencido de que no tienen nada aunque tengan mucho más de lo que creen. Los mercaderes aborregaron a nuestros jóvenes con un discurso apocalíptico, fraudulento y anómico para usurparles su rebeldía.

En un apoteósico discurso en el Parlament, el líder del PP catalán, Alejandro Fernández, se dirigió a ellos para solicitarles una rebeldía sincera, la que nace del pensamiento crítico y del convencimiento de que son «dueños de su destino». Su futuro y libertad arde en sus barricadas.

Javier Redondo ( El Mundo )