LO QUE NOS ESPERA CON EL NUEVO GOBIERNO

Primera providencia. El nuevo Gobierno socialista no es el que han elegido los españoles. La prueba es que en su formación ha contado el peso decisivo de dos fuerzas francamente minoritarias e incluso excéntricas: los comunistas de estilo vagamente latinoameriano y los secesionistas vascos y catalanes.

La gran reforma que va a imponer el heteróclito Gobierno es elevar los impuestos dizque «a los ricos». Es el signo de que Unidas Podemos es el que verdaderamente domina la nueva singladura política. Es evidente que los llamados «ricos» trasladarán sus capitales a otros países o subirán los precios. Es decir, al final los paganos seremos todos. Que conste que en «los ricos» no se incluyen los que disfrutan de coches oficiales.

El Gobierno tratará de controlar los precios a través del BOE. Ya ha empezado a hacerlo con los alquileres. La consecuencia inmediata de tales intervenciones será la escasez y, de rebote, la elevación real de los precios. Si tal efecto se dificultara por las autoridades de consumo, aparecerán fenómenos de contrabando o de mercado negro. En definitiva, las medidas para castigar fiscalmente a los «ricos» provocarán más desigualdades y más delitos. Es lo que ha ocurrido siempre que los comunistas han estado al frente de ministerios económicos.

Al nuevo Gobierno se le va a llenar la boca con la palabra transparencia y otras análogas. Lo más probable será el efecto adverso de que cundan todavía más la opacidad, la ocultación, el secretismo. Es algo que no deja de ser contradictorio en una sociedad con tantos medios y tantas facilidades de comunicación.
De momento, el Gobierno parece reacio a las verdaderas conferencias de prensa, que son la marca de los países verdaderamente democráticos. Por ejemplo, en España no se estila que los periodistas repregunten en dichas conferencias de prensa.

Es difícil que, a estas alturas, la población española vaya a aceptar con gusto la organización de la vida pública con un socialismo ribeteado de comunismo y separatismo. Así que lo más probable es que se hagan reformas de tipo ideológico y no económicas.

Por ejemplo, apoyo a los musulmanes, controles a la Iglesia Católica, adopción de medidas de tipo federalista más bien simbólicas, derribo del arco de la Moncloa en Madrid. Se va a reforzar todavía más la preeminencia de Cataluña y de Euskalerría Sur (que incluye a Navarra). Asombra la estrambótica influencia que puede tener un partido llamado Bildu, heredero fiel de la ETA. En vascuence bildu es tanto como decir «convento, congregación, secta». Siempre se dijo que la ETA se gestó en los seminarios diocesanos del País Vasco.

Ahora nos hemos percatado de que el Estado de las Autonomías fue un original oxímoron que ha terminado en disparate. Por ejemplo, se nos ha inoculado el absurdo de que el País Vasco ejerza una especie de protectorado, al menos cultural, sobre Navarra.

O que ocurra algo parecido en el caso de Cataluña respecto a Baleares y Valencia. Menos mal que, para compensar tales desviaciones, el nuevo vicepresidente (o valido) del Gobierno ha hablado ya de «nuestra patria». Quizá pase a decir «nuestra matria».

El toque feminista del nuevo Gobierno se va a notar en seguida con la rebaja de los impuestos en los productos de higiene femeninaSe impondrá por ley el llamado «lenguaje inclusivo». Por ejemplo, ya no se podrá decir «los españoles» como genérico, sino «las españolas».

Amando de Miguel ( Libertad Digital )