LO QUE PODEMOS NO CONSIGUIÓ

La derrota de Syriza en las elecciones griegas del domingo no ha pasado desapercibida. Cómo iba a pasar sin hacer ruido, cuando el partido y su líder, Alexis Tsipras, estuvieron en el centro del gran altercado que pudo hacer saltar por los aires la Eurozona y el euro.

Aunque el Grexit, que fue una posibilidad real y, para algunos, una necesidad, fuera desplazado del debate por el muy real o surreal Brexit, los ecos de aquella crisis monumental siguen ahí. Más aún, sus efectos políticos, sintetizados en y por el populismo, etiqueta que aún se suele colocar a Syriza.

La ocasión electoral ha permitido recordar los lazos que unían a Syriza con Podemos, el hecho de que, como suele decirse, eran partidos hermanos, o eso decía Iglesias, que alentaba como en una competición deportiva a Tsipras, ya desde España, ya desde Grecia.

Allí, en Atenas, estuvo en 2015 en el mitin de cierre de campaña de Syriza, donde la banda sonora era el tema de Leonard Cohen «First we take Manhattan» (Primero tomaremos Manhattan). Aunque para Syriza y sus seguidores la parte significativa de la canción era seguramente la segunda frase del estribillo, «then we take Berlin» (después tomaremos Berlín). Pero no tomaron Berlín. Y ahora se han quedado sin Atenas.

Aquello que ha pasado desapercibido, sin embargo, es un dato electoral y político que sirve para situar la comparación entre Syriza y Podemos en términos menos retóricos y de mayor alcance. Porque Tsipras ha perdido el Gobierno, de eso no cabe duda, pero lo que no ha perdido es la batalla contra el partido socialista griego, el Pasok, ahora subsumido en otras siglas, las de Kinal (Movimiento para el Cambio). Syriza ha conseguido sustituir al partido socialdemócrata de su país exitosamente.

Ha logrado anular por completo al Pasok y a sus Papandreus. El otrora poderoso partido, el que se alternaba en el poder con los conservadores, entonces en manos de otra dinastía, la de los Karamanlis, ha recibido nada más que un 8 por ciento del voto. Aunque el 8 por ciento mejora el 6 por ciento que tuvo en las elecciones de 2016.

Tsipras no se ha limitado a dar el sorpasso al Pasok. Ha acabado con él. Mientras que su primo Iglesias ha sido incapaz de sobrepasar al PSOE y corre ya el riesgo de que el PSOE le dé la puntilla. Bastaría con una fragmentación extra de su base electoral a escala nacional, Errejón mediante, para que los escaños de Unidas Podemos se redujeran mucho más en unas segundas elecciones.

La diferencia entre el logro político de Tsipras, que ha sido hacerse con la hegemonía en la izquierda desplazando al partido tradicional, y la cosecha fallida de Iglesias es tan grande que merecería reflexión. Y es una diferencia tan enorme que no se puede atribuir sin más a errores del Pasok. Algo ha tenido que hacer bien Syriza en ese terreno, y mal Podemos.

El primo Iglesias ha hecho el primo, pero es posible que no pudiera hacer otra cosa, dado lo que es. A pesar del tópico establecido, Syriza nunca fue como Podemos ni Podemos como Syriza.

Compartieron un discurso antiausteridad, un estilo demagógico y, en general, un estilo, pero Syriza tenía sus raíces en una tradición de izquierdas griega, por lo tanto europea, y los fundadores de Podemos se trajeron la raíz del populismo sudamericano, de sus mentores chavistas, y la quisieron plantar aquí.

Luego, la ocasión que tuvo Iglesias para erigirse en líder de la izquierda frente a un Gobierno de centro-izquierda –el que pactaron en 2016 Sánchez y Rivera– la desechó. Creyó que tenía a su alcance ganarle al PSOE en la repetición electoral. Después, pifia tras pifia, llegó la pifia final de Galapagar. Y la desbandada.

Siempre me dio la impresión de que Iglesias trataba con paternalismo a Tsipras. Como si a Tsipras le faltara un hervor intelectual o político. A fin de cuentas, Iglesias va de teórico, y Tsipras nunca cometió ese error. Para eso tiene, en sus filas, a teóricos muy superiores a los cerebros podemitas.

El mensaje que emitió Iglesias tras la derrota de Syriza terminaba diciendo: «Y, con todo, Syriza lo intentó. Todo nuestro respeto». Era un pésame que el dirigente de un partido con un 14 por ciento de votos dirigía al de un partido con un 31, 5 por ciento de votos.

A un partido que se ha comido con patatas a los socialistas y que va a liderar la oposición sin un rival en las proximidades. De un partido, Podemos, que tuvo la oportunidad histórica de pasokizaral PSOE y la perdió. Tsipras debería enviarle sus condolencias.

Cristina Losada ( Libertad Digital )