Formulada la pregunta con esta precisión e insultante claridad,– tan alejada de la verborrea al uso de los medios de comunicación o de las disquisiciones vacuas e hipócritas de los políticos,– el prosaico ciudadano que empeña todos sus esfuerzos en resolver sus pragmáticos problemas y cuida solo y exclusivamente de los suyos, creyendo que con su visita a las urnas cada cuatro años habrá respondido a la interpelación, no reparará en la gravedad  inherente a tan enjundioso interrogante, y permanecerá mudo o ignorante.

Lamentablemente, este patrón de actitudes ciudadanas es tan profuso como evidente.

Otro minoritario espécimen de ciudadanía,– escépticos, recelosos y preocupados por el futuro de sus descendientes, del bienestar de la sociedad en su conjunto, en definitiva de España,– impulsados por un conocimiento de la reciente Historia y seriamente advertidos por los procesos revolucionarios socio-comunistas sufridos en épocas que no queremos volver a padecer ni experimentar, intentará con juicio crítico y deber  patriótico divulgar las ocultas intenciones del amenazador y peligroso proceso revolucionario emprendido por el gobierno socio-comunista y sus acólitos, respondiendo de esta manera a la sustanciosa y difícil pregunta.

El primer intento de demolición o derribo se produjo siendo presidente del gobierno “el execrable” , actualmente, servidor de la dictadura venezolana, que propició la sectaria ley de pensamiento único, la denominada “Ley de Memoria Histórica”, promulgada en el año 2007, norma guerra-civilista que produjo un gran daño  en los pilares del edificio constitucional, anulando o debilitando el consenso y el espíritu de conciliación y concordia de la Transición.

Sobre el solar expedito que dejó a su paso el barrenero socialista, el gobierno de Sánchez/Iglesias, emprendió con máxima diligencia legislativa los trabajos iniciales para dotar de cimientos al revolucionario edificio constitucional, bajo la dirección técnica de impostores menestrales, con la misión de apropiarse de la Historia de España con un único relato,  manipulándola y revisándola sectaria y parcialmente.

Se trata de la “Ley de Memoria Democrática”, cuya aprobación está prevista en el primer semestre de este año; ley, que  como acto de totalitarismo revolucionario, está inspirada, “en la movilización de odio”, según señaló el democrático y genocida Mao Zedong; dándole a sus futuros pasos una nueva orientación republicana que les permita gobernar “in aeternum”, extremo que conocemos perfectamente, pues era el espíritu de la fracasada, violenta, tumultuosa y excluyente segunda República, sostenida por partidos políticos izquierdistas que radicalmente se negaban a     compartir el poder.

Con leyes como las referidas, respetuosas y concordantes con los principios democráticos  y en escrupulosa  consonancia con la Constitución del 78,  lograrán la ruptura definitiva con los pactos de la Transición.

El prestigioso historiador, Javier Tusell, en un alarde de síntesis gramatical, dijo que la II República constituía: “ una democracia poco democrática”; el no menos reconocido historiador, Payne, refiriéndose a la actitud del PSOE en la República afirma: “la política de los socialistas fue simplemente antidemocrática”

Los dinamiteros socio-comunistas con el apoyo incondicional de sus socios en la siniestra empresa de demolición de España, no cesarán (por propia voluntad) en la consecución de sus objetivos, así que, continúan perforando los pilares y socavando los cimientos constitucionales, rellenándolos de materia explosiva para derribar el Régimen del 78.

Y materia explosiva, es la búsqueda del sometimiento del Poder Judicial al Legislativo, es poner genuflexa a la Fiscalía General del Estado, es la ley de Educación inclusiva recientemente aprobada, que se traduce en un intransigente y fanático adoctrinamiento ideológico, es la voluntad inequívoca de pactar o supeditar la política general de la Nación al independentismo golpista catalán o a las oscuras exigencias de los proetarras, es el desprecio y humillación a la mayoría de los españoles, y en particular a las víctimas del terrorismo de ETA, admitiendo, cuando no, aplaudiendo las revueltas violentas y desordenes callejeros haciendo apología del terrorismo vasco, es el gratuito vilipendio y desconsideración al Rey y a los símbolos de España, es la restricción o acotación de derechos individuales.

Estas son las armas democráticas que se contabilizan en las  filas socio-comunistas.

En la inteligencia de que la pregunta inicial ha quedado sin respuesta contundente, únicamente, queda por decir que,  es un deber ineludible para todo español que se precie de serlo, y que ame a España, poner el despertador a tiempo, para evitar despabilarse con el sobresalto de no ver la luz, y con inmediatez colegir, que ¡quizá! no vuelva a verla.

Antonio Cebollero del Mazo ( El Correo de España )