LOS ÁNGELES SUDAN

Qué placer vivir en Madrid durante los días de San Isidro, el santo que soba mientras los ángeles sudan. Qué libertad se respira en la ciudad que los nacionalistas describen con pájaros colgados en el cielo, repleta de fascistas con bigote, reyes faltos y toreros verdugos. Lo decía Almirall, que en paz descanse: “Nosotros sudamos para mantener a 10.000 señoritos de Madrid”.

La ciudad alegre y confiada, con los brazos abiertos al aire, arde en fiestas. Manuela CarmenaÍñigo ErrejónAlbert Rivera se pasean, como busconas, por la pradera, pidiendo el voto por donde escurrían la ropa en la artesa las lavanderas. Los nuevos partidos van a repartirse la túnica del PP, que transformó una ciudad de Arniches en la más moderna de Europa. Los de la derecha robaron, pero hicieron.

La capital de los motines es hoy la ciudad de los derechos civiles, como lo fueron Ámsterdam y San Francisco; el arco iris abarca desde Vallecas a Majadahonda. La alcaldesa Carmena está animada para volver a presentarse. Esta mujer tiene coraje, muchos días llega al palacio de Cibeles a las seis de la mañana. Es la única política de la capital que aprueba, aunque las encuestas dicen que ganara Begoña Villacís.

La izquierda practica el fariseísmo. Carmena ha ordenado que los toros no figuren en el programa de festejos. Es imposible tapar con una ordenanza la muerte de más de 200 bureles en el matadero mudéjar de Las Ventas. Dije alguna vez que Madrid carece de chulería identitaria. Su mantón es de Manila; su baile, escocés y su torero de hoy, peruano. La alcaldesa teme que le acusen de proteger un espectáculo de dioses pálidos, los últimos españoles que se ganan la vida con la espada, seguidos de escuderos vestidos de monosabios. Ya digo, la máxima figura es Roca Rey. “Sueño mucho con la puerta grande de Madrid”. Se juega la vida por Madrid, no por la plata.

Los políticos buscan el voto en el aprendiz de río. Cuenta Carmen Pérez-Lanzacque la apertura de las presas que retenían el caudal está creando vida a lo largo de los 7,5 kilómetros que atraviesan la ciudad. Se han multiplicado los barbos y han llegado la garza real, la garceta, la martineta, el martín pescador, el chorlitejo o la agazabita. Tenemos gran cloaca, como Roma; en nuestro río ya no se mueren de sed las ranas, pero no es como el Tíber -que cantó Horacio-, enfurecido por el asesinato de César, derribando puentes y templos.

En plena zaragata de los supremacistas, sigamos el consejo de Horacio: “Si estás bueno del estómago y no te duele ningún costado y puedes andar con tus pies, ninguna otra cosa mejor te podrán añadir todas las riquezas de los reyes”.

Raúl del Pozo ( El Mundo )