LOS ANTISISTEMA, CONTRA EL REY

El éxito de la Transición consistió en la superación de las dos Españas. La Constitución de 1978 fue un prodigio de equilibrio político. Relegada la dictadura que encarnó el caudillo amigo de Hitler y Mussolini, la Monarquía parlamentaria devolvió al pueblo español la soberanía nacional secuestrada en 1939 por el Ejército vencedor de la guerra incivil.

Desde el exilio, Don Juan defendió frente a Franco la Monarquía de todos. Como la holandesa, la danesa o la sueca, la Monarquía parlamentaria española se convirtió en 1978 en el eje del sistema. Cuarenta años después, los partidos antisistema gobiernan, directa o indirectamente, en Madrid, Barcelona, Valencia, Zaragoza, Santiago, Cádiz y tantas otras ciudades y condicionan la mayoría parlamentaria que desarzonó a Rajoy de su cabalgadura monclovita y encumbró a Sánchez sobre la silla curul del palacio de la Moncloa.

Resulta lógico que los antisistema se esfuercen por liquidar el sistema de la Transición y hagan todo lo posible por fracturar su eje que es la Monarquía parlamentaria. Olvidan que el sistema de la Transición ha proporcionado a España un largo período de paz, prosperidad y libertad. Y que el reinado de Juan Carlos I está considerado por los historiadores más rigurosos como uno de los cuatro mejores de la Historia de España junto a los de Carlos I, Felipe II y Carlos III.

En los albañales de la política, en las cloacas de la sociedad, los antisistema han buceado asquerosidades con el fin de fragilizar la Monarquía española. Se necesita ser muy miserables para enmerdar la Corona con insidias y calumnias, al margen de la seriedad que exigen los sectores responsables de nuestra sociedad, atónita ante la pasividad de un Gobierno, impávido frente a las agresiones.

Solo los demagogos hablan de la Monarquía como de una fórmula caduca y anticuada. Entre los países políticamente más libres del mundo, socialmente más justos, económicamente más desarrollados, culturalmente más progresistas, figuran las Monarquías democráticas europeas y asiáticas: Suecia, Noruega, Dinamarca, Bélgica, Holanda, Luxemburgo, Inglaterra, España, Japón, Australia o Canadá. Entre los dos centenares de países que integran la ONU, y conforme a la clasificación de la propia organización en orden a la calidad de vida y al desarrollo, siete Monarquías parlamentarias se encuentran entre las diez mejores naciones del mundo.

Luis María Anson ( El Mundo )