Se nos va Macarena, se nos va.

Como casi la mitad de los concejales de VOX. Al contrario de lo que pasa en el resto de los partidos con los cargos públicos, que no hay quién los eche ni con aceite hirviendo, en el caso de VOX la gente deja el cargo y corre despavorida en dirección contraria a la política. Y mira que es una de las profesiones, la única, donde los inútiles tiene la posibilidad de cobrar sueldos de ensueño para su poca valía.

Es posible que los de VOX sean de otra pasta. O que no sean inútiles. Y también es posible que VOX se haya convertido en una máquina de picar carne humana talentosa.

¿Qué ha pasado con Macarena a la que enviaron a luchar contra los elementos con un falso ejército de estructura provincial?

Dicen las voces profundas del Congreso que nuestra chica de andalucísimo nombre era muy cumplidora, y con capacidad de trabajo para dar y tomar. Y perfeccionista. Lo que hacía, lo hacía bien y a conciencia. Compatibilizar una larga campaña con ser Secretaria General del Grupo Parlamentario quiebra a cualquiera, sobre todo si se vuelca en ambas cosas.

Añadan los efectos adversos de la vacuna, que no es tal. El menos malo es el cansancio. Para cuando comenzó la campaña, la oficial, la candidata estaba, en castizo, para el arrastre. Pero el agotamiento, o cualquier otro efecto nefasto de esos que no existen en la verdad oficial y sí en las personas vacunadas -qué molesta es la realidad, ¿verdad?- se solventa con una baja y tratamiento, si lo hay.

La explicación de la enfermedad es, al margen de su más que posible base real, una forma elegante de decir “hasta aquí hemos llegado”.

Desde luego mucho más elegante que la actuación de los monos con metralleta y sus cada vez más desorientados jefes. Macarena se va por decepción, por sentirse, como tantos, engañada utilizada y arrumbada como un trasto en un rincón tras habérsele sacado el jugo y el talento.

Como a tantos, ya digo.

Algo también ha debido influir el último capítulo del caso Granada. El presidente ha dimitido porque un juez ha invalidado todo el proceso electoral amañadísimo desde Madrid para que su candidato oficial ganara. Y ese dimitido, que perfectamente puede ser inocente de los manejos de Madrid, es el afiliado en cuya casa Olona estaba empadronada. Descubrir tan de cerca en lo que se ha convertido VOX en las provincias supongo que es desolador.

Sigamos con lo de trasto irrelevante en el rincón. Seguro que no se le dejó opinar sobre las listas de candidatos con los que se presentaba. Y tras la debacle y con un equipo hecho con la natural pericia de los hombres de negro, no se le dejó volver a Madrid de forma honrosa. Estar aquí y allí.

No se le dejó ser senadora y se nombró en su lugar al jefe de esa campaña con resultado de siniestro total, porque VOX no premia los éxitos, sino los fracasos. O a los amigos y no a los leales, dos cosas que no son incompatibles pero tampoco van siempre juntas.

El caso es que VOX suele hacer estupideces, pero el destino le avisa de tales fallas y le da la oportunidad de enderezarlas. Otra cosa es que lo sepa aprovechar. Resulta que el tal Robatto eran varón y se necesitaba una hembra por aquello de las cremalleras genitales. Pues ni por esas.

Dejar a Macarena en Andalucía era como utilizar un Ferrari para recorrer las eras de un pueblo. No por Andalucía sino por la situación de irrelevancia de VOX en Andalucía.

Pero a alguien le molestaba ese Ferrari. El problema de VOX y de quienes están sacrificando Ferraris en las eras de los pueblos tras creer que se les ha sacado el rendimiento, es que Macarena va a seguir teniendo talento y capacidad, porque eso no se acaba -un Ferrari es un Ferrari-, pero VOX se queda irremediablemente sin un Ferrari en sus boxes. Y está VOX como para perder Ferraris…

Como se ha quedado sin cientos de vehículos, muchos de muy buena marca, porque simplemente hay monos con metralleta haciendo equipos y hay gente arriba a la que le molesta el talento. Quizá porque son incapaces de hacer equipo, eso que toda la vida se ha llamado tener una escudería. Estos de arriba de VOX en vez de una escudería parece que quieren un Telepizza con las motillos de baja cilindrada llevando pedidos.

Deberían saber los de VOX que sin escudería se puede ganar una carrera pero nunca un mundial. Con unos boxes vacíos de talento porque ha sido minuciosamente cercenado y unas pistas llenas de bólidos abandonados, estrellados o desechados, con Ferraris aparcados en las eras, a poco pueden aspirar.

Aun no es tarde para retomar con éxito un proyecto que era bueno pero cuya gestión está siendo desastrosa.

Hay que soltar lastre y mantener los buenos motores. No al revés.

Casandra Desencadenada ( El Correo de España )