LOS CÍRCULOS CUADRADOS

El intentar ver a la izquierda conseguir la cuadratura del círculo siempre es un interesante espectáculo de contorsión de coherencia, tiki taka de argumentos hechos que nunca meten goles en la solución de problemas reales.

El problema de la vivienda, por ejemplo, que todos conocemos por algún primo joven que nos escandaliza con el precio de los alquileres en los centros gentrificados (que viene a ser rehabilitados en la jerga cool urbanística). Mientras se pone el grito en el cielo con los precios de Idealista, los ayuntamientos de progreso también colocan piedras en los carros de los planes de desarrollo urbanístico que contemplan miles de viviendas, como ha hecho Carmena al sur de Madrid.

Somos muy de conservar paisajes, estar en contra de los especuladores salvajes, mientras vivimos en la urba de la sierra de Madrid, Pozuelo o Arturo Soria. El escándalo anti especulador es un buen tema para los postres. Es la mentalidad California: cómo mola lo progres que somos pero la vivienda media en Los Ángeles ronda los 600.000 euros y en San Francisco nos vamos al millón. Mientras, entramos en oficinas con bufet libre de zumos de verduras sorteando a homeless en la acera.

Volverán oscuros urbanistas con redacciones de planes donde la reclasificación sea recalificación, con informes de impacto de género y de infancia, con necesidad de documentos de varios ministerios, concejalías y direcciones generales. Se tardarán de nuevo muchos años en verlos aprobados con sello del BOE. En cada trámite, cobrarán abogados, ingenieros e incluso se caerá en la tentación de engrasar la maquinaria burocrática con sobornos. Pero miraremos el dedo. La culpa será de los corruptos, jamás de la burocracia.

Pasó en Marbella con Gil, que llegó al poder con el propósito de mandar a tomar viento a la regulación urbanística. Lo cumplió y con pésimo e ilegal gusto. A Trump también le votaron para que desregulara, algo que lamentan profundamente en California, mientras se sirven un vino estupendo en una cena con verduras bio y se felicitan por haber parado el último plan urbanístico. Que les den a los pobres, pero lo bien que nos ocupamos de ellos en estas sobremesas.

Verta González De Vega ( El Mundo )