Los compañeros del metal me han acompañado desde los ya lejanos tiempos en que estudiaba COU. Había en el Instituto Quevedo la -supongo- habitual recua de huelguistas profesionales -esto es, pagados y con billetes en el bolsillo para demostrarlo-, sinvergüenzas, vagos, maleantes y, en general, gentes de mal vivir, empeñados en que los estudiantes nos solidarizásemos con los compañeros del metal.

No recuerdo que otros compañeros -del andamio, por ejemplo; o del taxi, de la granja o del pesquero de altura- mereciesen su atención. Los compañeros del metal suscitaban un interés especial entre los huelguistas profesionales.

Los compañeros del metal también fueron motivo de muchas huelgas universitarias. Había que solidarizarse con los compañeros del metal a toda costa. Incluso si los compañeros del metal no tenían a bien solidarizarse conmigo cuando me ponían un examen de matemáticas, un sábado de mitad de junio a las tres de la tarde.

Tal parece que esta misma atracción sienta la señora Yolanda Díaz, los diputados podemitas y separatistas, y quien sabe si incluso socialistas. Aunque estén en el Gobierno, lo suyo sigue siendo la algarada callejera, agua en la que han nadado siempre.

Además, persiste en ellos la idea de que los salvajes tienen preferencia sobre las personas razonables, los energúmenos sobre los pacíficos. Siempre han estado del otro lado, y se les nota. Incluso -como los garrulos que son- presumen de ello.

Así, doña Yolanda Díaz se olvida de que es Vicepresidenta del Gobierno para exigirle al Ministre del Interior -según la prensa– que retire la ‘tanqueta’ desplegada por las Unidades de Intervención Policial (UIP) ante las protestas en Cádiz, dado que los trabajadores del sector del metal «no son delincuentes» sino que están «legítimamente defendiendo sus derechos»… utilizando la manifestación y la huelga que consagra la Constitución como prerrogativas fundamentales de los ciudadanos.

Es justo y apropiado que una señora Vicepresidenta se preocupe de proteger los derechos de los ciudadanos.

Derechos como el de huelga, si; pero también derechos como la libre circulación, sin que unos energúmenos corten carreteras y vías férreas, incendien contenedores y vehículos, arrojen todo tipo de proyectiles contra quien se ponga por medio, secuestren a toda una comarca para usar a los ciudadanos como rehenes, y causen daños que luego pagaremos entre todos, y no el alcalde -medio anarquista, medio gilipollas- que les anima a quemar la desgraciada ciudad de Cádiz que desgobierna.

También es justo que, como Ministra de Trabajo, se haya mostrado preocupada por las cifras de paro de la zona. Pero, si bien como activista política lo suyo es que doña Yolanda Díaz use la más  descarada demagogia, quizá como Ministra de Trabajo debería preocuparse de facilitar la creación de empleo.

Y tal vez -como Vicepresidenta del Gobierno dedicada a defender los derechos constitucionales-, debería doña Yolanda Díaz denunciar a su compañero que preside el grupo parlamentario de Unidas Podemos, Jaume Assens, por evidente menosprecio a los compañeros del metal, dado que este señor -o lo que sea- le ha preguntado al -según la terminología progre- Ministre Grando-Marlaske por qué la misma tanqueta cuya presencia ante la guerrilla urbana de Cádiz tanto ha molestado a los podemitas, no estuvo en la manifestación neonazi de Chueca. Evidente menosprecio a los compañeros del metal, a los que parece considerar indignos de la misma atención que, en su opinión, habrían merecido los que denomina ultraderechistas.

O al menos, debería doña Yolanda Díaz exigir la inmediata dimisión de su compadre podemita, porque con la sugerencia de que devuelva las tanquetas a la Ministra de Defensa demuestra su desconocimiento de la realidad. Porque las tanquetas de la Policía no son, evidentemente del mismo tipo que las militares, ni llevan el armamento de las militares, ni la dotación que a las militares corresponde.

¿O es que la Ministra y el grupo parlamentario de Podemos pretende que se envíen tanquetas del Ejército a resolver la huelga de los compañeros del metal, para poder provocar algaradas a gusto?

Rafael C. Estremera ( El Correo de España )