Este tema es farragoso y complicado. Espero poder explicarme bien y hacerme entender lo mejor posible. El caso es que asistimos hoy en día a una alianza entre el dinero con mayúsculas y la izquierda obrera (?), para perpetuarse en el poder.
Y tratan de tener contentas a la gente mediante una serie de propuestas cada vez más estrambóticas. Les estoy hablando de los planes de implantación de una agenda ideológica en la cual el aborto, la eutanasia activa y la pederastia son sus nuevas proposiciones estrellas.
Ante un occidente en retroceso y cada día más complaciente y acobardado ante sus enemigos, el dinero, en vez de tratar de recuperar el vigor de la sociedad, trata de ganarse el favor de la plebe con sus últimos desvaríos, que ya van viniendo de lejos. Asistimos pues a políticas de la muerte y de decadencia pretendiendo presentarnoslas como «avances».
El ensorbecido becerro de oro, aliado con sus mamporreros izquierdistas, se niega a reconocer los males que esta causando a la sociedad, invierno demográfico, despoblación, muerte del espíritu creador, con su huida hacia adelante desbocada. No quiere rivales que le quiten la adoración, y por ello se ha lanzado al exterminio de los últimos vestigios de tradición.  Su gran rival.
Y así asistimos a la pérdida de vigor espiritual de la sociedad drogada y calmada por un batiburrillo de fútbol, alcohol, drogas e insolencias ideológicas.
Es el estado del bienestar nos dicen, pero sabemos muy bien las semillas de muerte y decadencia que llevan en sus entrañas todo este «progreso».
Llega el momento, ante los actuales derroteros que está tomando Occidente, de bajar a Moloch-Baal de su pedestal y de recuperar la tradición. Ante los nuevos retos que se nos presentan como el islamismo, el imperio comercial chino o la tercera revolución industrial en la que nos van ganando los asiáticos, solo una sociedad bien armada espiritualmente será capaz de enfrentarlos.
Por eso debemos volver los ojos al Señor y pedirle por nuestra desnortada Europa. Cesar en este genocidio silencioso que supone el aborto y volver a la familia tradicional productora de hijos para Dios, para el César y para asegurarnos la descendencia.
Los «avances» progresistas solo son síntomas de decadencia. Hay que hacérselo ver a nuestra drogada sociedad. El becerro de oro tiene todos los medios de comunicación a su disposición, incluida una Intereconomia que ha prescindido de nuestro gran Eduardo García Serrano. Presentémosle la batalla con el valor de Alejandro y sus menguados en número macedonios en Gaugamela. Unos pocos valientes vencieron a unos muchos porque eran conscientes de su sagrada misión civilizadora.
Y que no se extinga la raza blanca por estas políticas de la muerte que nos impone el dinero, ni por el indolente mestizaje al que nos quieren llevar. Si hemos hecho un mundo mejor nos merecemos algo mejor que una extinción ahogándonos en nuestra inicua autocomplacencia.
Espero que este artículo sea muy leído y haga reflexionar. Ante la obcecación de estos aliados en nuestra autodestrucción les podemos oponer nuestro talento, nuestro entusiasmo y nuestra fé. Que las aberraciones que nos quieren imponer sean desechadas y volvamos a tener una sociedad vigorosa.
Sembraremos con la ilusión del agricultor, de que cuando llegue el buen tiempo veamos crecida la mies, a punto para la cosecha. Es todo lo que podemos hacer por el momento. Nuestra desunión y actual desmoralización es un hándicap que hay que vencer con buenas dosis de patriotismo e ilusión. Seguro que el Señor escucha nuestras plegarias y nos dará la oportunidad cuando menos lo esperemos.
Por ello hay que atraer a los obreros desencantados con el globalismo a nuestras filas. Son almas sedientas de un mensaje de esperanza. Estoy seguro de que lo lograremos y con su ayuda venceremos al contubernio de estos dos ídolos falsos del siglo XXI. El dinero y el marxismo.
Que al final se han unido con el único objetivo de defender sus prebendas. No hay otra razón. Las high tech nos imponen cada día una censura más férrea. Encontraremos nuevos medios de esquivar la. Por que tenemos la razón y por qué amamos nuestra patria y nuestra civilización.
Desde la despoblada Castilla lanzo el aviso. Estos desvaríos últimos del Dios dinero solo traen desolación y desesperanza. Yo el ejemplo lo tengo delante de mis ojos.
Espero que ustedes, que seguramente viven en una zona poblada, lo puedan ver a tiempo.
Manuel Fernández Prieto ( El Correo de España )