LOS DIALOGANTES

El manifiesto nacionalista reivindica “un tiempo nuevo y la posibilidad de encauzar las cosas” hacia la “convivencia en una España plurinacional”. Esto último deja muy claro quién es el destinatario del papel que firman, y no es otro que el Gobierno de Pedro Sánchez. Si Sánchez les hiciera caso, le auguro un desastre electoral.

Cualquier persona racional, por ejemplo, un profesor universitario, aunque lo sea en la mal llamada Ciencia Política, sabe que los líderes independentistas catalanes llevan varios quinquenios en la más absoluta de las contradicciones y han hecho oídos sordos a cualquier crítica, aunque esta sea -como ha recordado Javier Marías- en forma de interrogativas directas:

«¿Cómo vivirían en una Cataluña aislada, con qué economía y qué medios? ¿Con qué reconocimiento internacional (Putin y Maduro aparte)? ¿Qué harían con más de la mitad de la población catalana contraria a su decisión? ¿Iniciarían purgas y expulsiones?».

No se debe olvidar que según la Ley de Transitoriedad, aprobada por los nacionalistas en septiembre de 2017, los jueces iban a ser nombrados por el Govern y los medios de comunicación quedarían bajo control de la Generalitat. Todo un proyecto dictatorial que no cabe en la UE.

Para acabarla de amolar, el prófugo Puigdemont, convertido por sí y ante sí en dictador, ha decidido poner al frente de la Generalitat a un tipo llamado Quim Torra, cuyo pensamiento se ha expresado ampliamente a través de una catarata de insultos, odio y desprecio hacia los españoles y hacia los catalanes que no piensan como él. De estos últimos ha escrito que son «bestias con forma humana, carroñeros, víboras, hienas». Los ha animalizado, que es lo primero que hacen los exterminadores antes de comenzar sus matanzas, sean nazis de Alemania o los hutus de Ruanda.

Según Torra, los catalanes son más «blancos» que los habitantes del resto de España, y -hemos de suponer- superiores. Este racismo propio de la extrema derecha tiene «milagrosamente» el apoyo de una cierta izquierda también separatista de forma lateral, es decir, con el silencio respecto a los desmanes separatistas, y de otra izquierda que dice ser dialogante y cuya última expresión, procedente del nacionalismo gallego, ha puesto en plaza pública un documento titulado «Renovar el pacto constitucional».

Joaquín Leguina( ABC )