EL GÉNERO Y PARA QUÉ SIRVE
por Monsieur de Sans-Foy

La política de Género,
que es política de Estado,
pone en solfa lo evidente,
aunque lo lleves colgando.

La política de Género
te la venden como bálsamo
para los homosexuales,
porque están discriminados.
Te la venden como cura
de lo que, en el ser humano,
cause daño, intolerancia,
opresión y menoscabo.

Te lo venden por las buenas,
pero tienes que comprarlo.
Y, si pones mala cara,
te lo meten a gorrazos.

La política de Género
es un dogma sacrosanto:
no se admiten objeciones,
discrepancias ni reparos.
Si tú dices, por ejemplo,
que los hombres tienen rabo,
por retrógrado y fascista,
te podrán caer dos años.
Y si dices padre y madre,
nuevamente la has cagado,
por hacer apología del
del heteropatriarcado.

Lo que es cierto, Fray Josepho,
es que todo este tinglado
no es por los homosexuales
ni las hembras ni los machos
ni los seres intermedios
más o menos asexuados:
¡les importan una mierda
todos ellos, hazme caso!

La política de Género
es un gesto autoritario
que demuestra que esta Izquierda
manda mucho más que Franco.
¡Hasta sobre tu bragueta
prevalece el ideario
y los dogmas de esta peña,
que es la dueña del cotarro!

“Español que de estas cosas
hablas con tan poco tacto:
cierra el pico y no te salgas
del guion que Yo te marco,
porque Yo soy la Verdad
y la Luz: tu Cristo laico.

Cierra el pico y obedece
sin chistar, porque te capo”.

LA MEMORIA DEMOCRÁTICA
por Fray Josepho

Lo del género, Sanfuá,
tiene maldita la gracia,
pero menos gracia tiene
la Memoria Democrática,
esto es: la Memoria Histórica
corregida y aumentada.

Con esto de la memoria,
la chusma totalitaria
que tristemente gobierna
(o más que gobierna, manda)
quiere que sus entelequias
no puedan ser cuestionadas,
que sus mentiras cochinas
pasen a reglas dogmáticas.

Quieren que el subcampeonato
(o la medalla de plata)
de julio del treinta y nueve
se tenga por anulada.
Quieren ganar, ya sin Franco,
la Guerra Civil de España
y que en el VAR de la historia
lo que ocurrió… se deshaga.

Que quienes ganaron, pierdan,
a ochenta años de distancia.
Que a los buenos (que son ellos)
se les hagan alharacas,
se les blanqueen sus crímenes,
se les callen sus matanzas,
se les ignoren sus culpas
y se olviden sus infamias.

Y a los malos, que son malos
por esencia y en substancia,
que son tan requetemalos
como un tumor en el páncreas,
hay que castigarlos hoy
por sus maldades pasadas.

Y si están muertos, da igual.
Que el mayor oprobio caiga
sobre ellos y sus familias.
Que se mancille su fama.
Que nadie pueda nombrarlos
sin sentir al punto arcadas,
sin escupir en el suelo
y hacer muecas con la cara.

En fin, Sanfuá, que así estamos.
Que así le va a nuestra patria.
Que encima de hacernos pobres,
nos agarran por las glándulas
para prohibir que digamos
cualquier idea arriesgada,
cualquier verdad indebida,
cualquier opinión non sancta.

Que con esto y con el género
la libertad nos la matan.
¡Que la Inquisición auténtica
fue una cosita liviana
frente a lo que esta gentuza
quiere poner en España!

Libertad Digital