Quienes llevamos más de quince años hablando de la balcanización de España en los medios de comunicación, vemos ahora cómo el populismo de extrema izquierda, en lógica alianza con los separatistas, pueden dar la puntilla a esta nación milenaria.
Si bien, el autor involuntario, pero real, de este proceso autodestructivo es sin duda el pueblo español, con esa tendencia tan suya de tirar piedras contra su propio tejado eligiendo invariablemente a los más torpes, los más mediocres y los más corruptos para que conduzcan el timón de su barco.
La pandemia ha demostrado que, naturalmente, aquellos que no saben gestionar lo ordinario, nada pueden hacer para gestionar lo extraordinario. Si cuando no teníamos un bichito invisible que mata en unas horas, estos politicastros despilfarraban el dinero de nuestros impuestos en cosas ridículas y absurdas, ¿qué esperamos que hagan cuando el planeta entero está sumido en el caos y el desconcierto de lo desconocido?
Estamos en manos de un guía no sólo ciego, también sordo, mudo y tonto. Hemos dejado que una pandilla de indocumentados y menesterosos mentales se hagan con el control completo de nuestras vidas, poniendo en serio riesgo también las de nuestros hijos y nietos.
En medio de este caos completo, de una nación que hace aguas se mire por donde se mire y de una nueva crisis económica y social derivada del desastre sanitario, VOX ha anunciado la presentación de una moción de censura en las próximas semanas.
De manera unánime, tanto el resto de partidos políticos como la totalidad de los MCS (la mayoría, generosamente untados con el maná de la publicidad institucional) han descalificado la iniciativa parlamentaria, afirmando que no servirá para nada y que, al revés, supondrá un espaldarazo para el actual gobierno social-comunista. Empezando por Pablo Casado, el flamante (y, al paso que va, eterno) líder de la oposición en España.
Una de las cosas más irritantes que hay en la vida es escuchar a la gente quejarse de una situación adversa, y cuando tiene delante una posible solución, cruzarse de brazos y no ofrecer ninguna otra opción. Son los resignados profesionales, los apóstoles de la fatalidad.
Este PP de Casado (que acaba de echar de malas maneras a su principal ariete parlamentario), es un buen ejemplo de esa irritante resignación política que llora y se queja de tener un gobierno tan impresentable como el que preside Sánchez, pero que se raja y se esconde cuando se le pide que colabore para echarlo. El PSOE y Podemos están hundiendo España, pero yo (Casado) no pienso despeinarme para intentar evitarlo.
Evidentemente, está claro que la «aritmética parlamentaria» no invita precisamente al optimismo. Todos sabemos que esa moción de censura no saldrá adelante. Pero también parece claro que un gobierno tan absolutamente indecente como éste, tan sectario y dañino, un gobierno que nos está empujando a pasos agigantados al limbo de los estados fallidos, debe ser acometido y desgastado por todos los medios.
En la calle, sin duda, con la protesta diaria de todos los españoles que vean la realidad de lo que está pasando. Y en las instituciones públicas también, al menos para que se visualice, dentro y fuera de España, que hay una cierta unidad de acción contra estos sujetos. De lo contrario, aceptando la resignación como única forma de hacer oposición, estaremos entregando la cabeza de España en bandeja de plata a sus peores enemigos.
Si un año de Iglesias y Sánchez en el poder nos está pareciendo un siglo, imaginemos lo que serían otros tres años más. Ni nosotros lo podemos soportar, ni nuestras familias deben sufrirlo, ni España se lo merece. A estos indigentes intelectuales hay que desalojarlos de La Moncloa como sea y al precio que sea.
La moción de censura, incluso sin fructificar, es una primera acción que puede servir como chispa que encienda la llama de la indignación general. Cualquier cosa menos esperar de brazos cruzados a que nos roben lo que es nuestro.
Los enterradores de España tienen nombres y apellidos. Conviene, señor Casado, que no sume Vd. el suyo a esa repugnante lista.
Rafael Nieto ( El Correo de España )