Opacos sin vergüenza, tramposos como ellos solos aprovechan la tragedia de Cumbre Vieja para seguir pagando el silencio de los sindicatos, con los cursos de formación camuflados con las ayudas, también nutridos por la impresentable Yolanda Díaz que pretende la derogación de la reforma laboral para facilitar la fagocitación de estas bacterias recurrentes de las mariscadas, la droga y el puterío, como el que se montó en Andalucía durante casi cuarenta años.

Como el dinero público no es de nadie-Calvo dixit-, esta caterva de sectarios sin experiencia profesional, de nada, sigue regando de millones la agenda socialcomunista incluso con un tercio de los fondos europeos. En otros tiempos serían juzgados por prevaricación y malversación de caudales públicos, pero se han puesto el mundo por montera entre mentiras y demagogia con el fin de eternizarse en las poltronas de la inutilidad financiada por el sacrificio de los ciudadanos.

Sus muchos cómplices necesarios están amancebados por chiringuitos, incluidos los prostituidos medios de comunicación al servicio de un carroñero gregarismo dictado desde La Moncloa. Este es el dantesco percal de impunidad que inexplicablemente soportamos.

Usan los recursos públicos para estafar a España y neutralizar sus defensas frente a sus muchos enemigos. No debemos engañarnos con que pretexten cuentas históricas pendientes: son sinvergüenzas, caraduras, ventajistas y amorales con la vil codicia de seres sin conciencia, depredadores insaciables que son lacras de cada país que los soporta.

No es casualidad que también en España se financie un engaño internacional que desapareció en la Europa del siglo XX y se reactivó en el XXI. Representan un mal holístico profetizado siglos antes hasta por libros sagrados. Bien frente al Mal; bienaventurados los que se alinean en las filas acertadas. En España es fácil distinguir, a poco que haya decencia elemental, quién es quién pese a los burdos y demagógicos engaños. 

Deberíamos estar familiarizados con las actitudes delictivas de los ministros, reconocerlas en su amplio espectro criminal que en España es reiterado observando el sanchismo y a cuantos orbitan alrededor con las mismas sospechas que genera nuclearmente Pedro Sánchez. Mantenemos con soberana mansedumbre a elementos que llevan tras de sí el rastro de actuaciones que apestan de anteriores gestiones como es el caso, verbigracia, de María Jesús Montero y el caso Isofotón.
Del mismo modo y con caprichos genocidas la mayor prostituida de la dignidad personal para sentarse en la poltrona de un ministerio creado a medida de una retorcida y nada igualitaria inutilidad, esperpéntica además. Desde el fraude, el chantaje, probablemente el homicidio durante la gravosa emergencia de la pandemia; el gerontocidio encubierto a la violación masiva de los derechos constitucionales; y de antes la financiación irregular de partidos junto a la alta traición de emponzoñar las instituciones con tóxicos intereses de enemigos internacionales.
Identificar el mal  para combatirlo democráticamente, reconocer en la nefasta oportunidad a los delincuentes que han tomado el Gobierno de España debería servir para poner coto a un amplio elenco de corrupción que significa, individual y colectivamente, el lastre del que millones de ciudadanos deben librarse, al margen de ideologías, en próximas convocatorias electorales, si es que el PP de Casado deja de hacer el imbécil equivocándose de enemigo, que esa es otra. 
Ignacio Fernández Candela ( ElCorreo de España)