Aunque en este momento no atino a recuperar la cita, creo que fue Ortega quien dijo que España está siempre haciéndose y lleva siglos haciéndolo. Como está siempre deshaciéndose. La unidad de España no es una esencia intangible que desciende del cielo, ni una condición dictada de manera necesaria por la geografía, la cultura o cualquier determinismo.

Es el resultado de una voluntad, o mejor de una serie de voluntades políticas que a lo largo de la Historia han conformado esa unidad de destino en lo universal, por recordar esa certera formulación, por todos conocida, de la idea de España.

Sin intención de faltar al respeto pero volviendo del revés aquellas palabras, como la infame clase política del 78 ha vuelto del revés nuestro país, me parece que hoy España se ha vuelto una multiplicidad de desatino en lo particular. ¿Cómo hemos llegado a esto?

Sobre la posibilidad histórica de que España pueda deshacerse, las mismas palabras unidad de destino nos dan la clave, si comprendemos que no es un dato caído del cielo o de un mundo platónico de esencias metapolíticas, sino que afirman una voluntad política que debe siempre afirmarse en cada generación. Es el fruto, por así decir, del vector resultante de las voluntades políticas pasado bajo el “signo de integral” que es la acción histórica y la confrontación con el mundo real.

En palabras más sencillas, si se trata de algo que siempre está haciéndose y deshaciéndose, necesita la voluntad de hacerse. Porque la voluntad de deshacerse existe y sobre todo hoy en día, después de que el régimen del 78 haya cambiado el reparto de cartas en el juego.

Hoy nos encontramos con una renacida voluntad de deshacer España que ha salido de sus antros infectos y ha levantado la cabeza. Esto ya es malo de por sí, pero es que además no tiene enfrente una voluntad de hacer España sino una no-voluntad; una actitud débil, mediocre, pusilánime y corrupta que ha sido la norma en los gobiernos centrales, regidos por enanos políticos.

El indulto que este gobierno felón ha regalado a la voluntad de deshacer España es infame, moralmente hablando; es suficiente hacer la obligada comparación con las odiosas condenas infligidas a los “asaltantes” de la librería Blanquerna. Pero más allá de esto, la esencia de estos indultos es su significado político antiespañol, de apoyo directo al secesionismo.

No es que el indulto en sí como posibilidad de anular una pena judicial sea necesariamente injusto o equivocado. Este mecanismo extrajudicial es oportuno que exista, y en efecto está previsto en todos los países, especialmente por motivos políticos.

Como la amnistía, expresa una voluntad de pasar página, de cerrar un capítulo; no perdona una responsabilidad penal, como en el caso de una amnistía, sino que manteniendo la culpa extingue la pena. Con todo, se trata siempre de pasar por encima de una decisión judicial; quien lo otorga debe por tanto responder de ello políticamente.

Entonces ¿de qué manera cómo este gobierno justifica y responde por estos indultos, cuál es la voluntad política que expresa?

Ridículamente, sus defensores pretenden que esta voluntad sea la de resolver un problema que se ha creado.  No sé si quienes lo dicen lo son o se lo hacen (el tonto), probablemente lo segundo. Como es totalmente evidente, no resuelve el problema sino que lo agrava: se opone a la acción de la justicia, que ya de por sí ha sido débil e insuficiente, la hace vana; por lo tanto se resuelve en un apoyo directo a quienes quieren romper España.

No hay nada de necesariamente inmoral en los indultos. El poder político debe tener esta prerrogativa. Incluso me parecería bien un indulto a estos mismos líderes secesionistas, como medida de gracia después de haber resuelto el problema. O al menos haber puesto las bases para la solución con mano firme.

¿Qué quiere decir eso? Una breve lista no exhaustiva podría ser:

Suspensión de la autonomía catalana, en particular con la devolución total de competencias educativas al Gobierno central. Parte integrante de esto debiera ser una limpieza a fondo de los libros de texto que enseñan fantahistoria, la recolocación forzosa en el territorio nacional (sugerencia de un amigo mío) de los profesores políticamente comprometidos con el secesionismo con entrada de profesores políticamente neutros en Cataluña.

Abrogación de todas las leyes autonómicas que supongan discriminación de cualquier tipo hacia la lengua española.

Devolución a los extorsionados, con intereses, de todas las multas impuestas por razones lingüísticas, reintegración con indemnización de todos los represaliados por los mismos motivos; naturalmente el dinero debe salir, no del bolsillo de los españoles, sino del patrimonio de particulares y empresas que hayan favorecido el secesionismo.

Abolición de la policía autonómica, recuperación de una presencia normal de las Fuerzas Armadas, Policía Nacional y Guardia Civil en Cataluña, como en cualquier otra región española.

Reforma de la ley electoral para evitar que pequeños partidos, localmente sobrerrepresentados, tengan cogidos por las pelotas a los gobiernos centrales. Pueden tener importancia a nivel local, incluso ser secesionistas porque pienso que toda corriente de opinión debe aflorar; pero haciéndoles en este caso un cuidadoso cordón sanitario, si no a nivel local a nivel nacional por parte del Estado central.

Sólo después de haber encaminado las cosas de esta manera, se puede decir que los indultos a líderes secesionistas son justificables y ayudan a resolver un problema. Sólo después de haber empezado efectivamente a resolverlo con una voluntad política firme, la misma voluntad política puede pasar por encima de la voluntad judicial y perdonar la pena impuesta.

Como están ahora las cosas, sin embargo, el significado de los indultos es totalmente diferente.

Se trata de una bajada de pantalones completa, por parte de un gobierno central débil y antiespañol, que para favorecer a los enemigos de España pasa por encima de la magistratura; por tanto la única lectura posible es la de un apoyo político de Madrid al secesionismo catalán, e indirectamente al de otras regiones.

Así lo han comprendido, correctamente, los destinatarios del regalo que festejan sin pudor ninguno su triunfo sobre Madrid y lejos de “arrepentirse” (si es que esta palabra significa algo en política) han redoblado su chulería.

Hacen bien, desde su punto de vista, porque le han tomado la medida al gobierno central. Su arrogancia les viene de conocer bien qué clase de políticos tienen enfrente: cobardes y oportunistas, sin principios, sin dignidad y sin honor, que venderían a su madre por un plato de lentejas. Este es el régimen del 78 después de cuarenta y tres años.

Max Romano ( El Correo de España )