SI LOS JUECES ALEMANES SUPIERAN

La Audiencia Territorial de Schleswig-Holstein ha dejado en libertad al expresidente de la Generalitat Carles Puigdemont. El tribunal alemán no aprecia el delito de rebelión. Para ello argumenta que “el comportamiento del que es acusado el señor Puigdemont no es penalmente punible en Alemania”, porque el delito alemán de alta traición —con el que se compara el delito español de rebelión— requiere que haya una “violencia” tal sobre terceros que presione al “órgano constitucional” hasta el punto de doblegar su voluntad. “Este no es el caso aquí”, sostiene la sentencia.

Es evidente que los jueces que componen ese tribunal no viven en España, ni son españoles ni sienten la violencia que hace meses soportamos quienes somos contrarios a la ruptura del único instrumento del que disponemos —quienes no tenemos otra cosa— para conseguir la armonía, la paz, la justicia y la igualdad en el país en el que vivimos. Muchos españoles somos víctimas de la violencia psicológica, que es el paso previo para la violencia física; si no fuera así, ninguna mujer podría acudir a una comisaría de policía cuando siente que la actitud de su pareja tiene que ver con lo que dice la ley española de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género aprobada en 2004. La violencia de género a la que se refiere dicha ley incluye la violencia física y psicológica.

Y si esos jueces germanos fueran testigos directos de lo que aquí ocurre, se darían cuenta de que la violencia que llevan ejerciendo los independentistas catalanes sobre terceros sí está doblegando la voluntad de quienes antes de esa violencia sostenían una posición y ahora, con la voluntad doblegada, proclaman que “hay que buscar una salida política”. Es decir, se rindieron por la violencia que se ha ejercido sobre ellos.

“La salida política” es la frase preferida por quienes no tienen ninguna salida que ofrecer a los ciudadanos y al conflicto que han generado quienes han decidido actuar por su cuenta y riesgo. El “hay que buscar” es la fórmula impersonal que nada dice y que sirve para evadirse. Cuando se dice que “hay que buscar”, ¿a quién o a quiénes se está señalando? ¿Quién es el sujeto del “hay”? ¿Por qué no se tiene el coraje de hacer propuestas inteligibles y firmadas para que todos sepamos qué piensan y quieren quienes se asoman a la plaza pública a proponer que “hay que…”?

En función de la respuesta a esas sencillas y elementales preguntas podremos hacernos una idea de si la respuesta que hay que dar tiene que transcurrir por la vía judicial o por la vía institucional, independientemente de lo que digan o dejen de decir quienes son buenos fabricando, pero no tan buenos juzgando. En algunas ocasiones históricas, incluso, se equivocaron gravemente en sus juicios y sentencias.

Juan Carlos Rodríguez Ibarra ( El País )