Todo lo marca la pandemia. Hasta el recuerdo. Ayer ocurrió así en el tercer aniversario de la matanza yihadista de Las Ramblas y Cambrils, con un homenaje a las víctimas de formato inevitablemente minúsculo.

Casi mejor teniendo en cuenta en qué han derivado anteriores convocatorias tras el atentado, colonizadas impresentablemente por el separatismo, que no desaprovecha la ocasión para exhibir su cruzada, lo mismo da que se trate de un partido de fútbol en Mánchester que de una manifestación contra el terrorismo islamista, como la de hace tres años, con los cuerpos aún calientes de los asesinados.

Todo les vale y sobre cualquier cosa, por importante o dolorosa que sea, se sobrepone siempre la secta enarbolando una estelada o gritos contra España, que además de robarnos nos mata.

Ayer en Las Ramblas también apareció de fondo el conflicto y se colaron mensajes que hacen responsable a España del asunto. En concreto al CNI, que ya que florecen los conspiranoicos con motivo del coronavirus desde el sector «indepe» se alienta la idea de que estuvo detrás del moro de la furgoneta y el imán de Ripoll, Abdelbaky Es Satty.

Pero lo cierto es que los Mossos han redactado informes en los que reconocen que no supieron ver la peligrosidad de este elemento pese a que mantuvieron contactos por correo electrónico con la Policía belga que sospechaba del imán.

Informes confidenciales, naturalmente, que no se airean mucho porque el cuerpo autonómico quedaría francamente mal, casi tanto como en las víspera del 17-A cuando a los investigadores de Trapero no les pareció sospechoso ni relacionado con el terrorismo que unos musulmanes radicalizados, alguno con antecedentes penales, tuvieran en Alcanar decenas de botellas de butano, acetona, un ferretería de clavos y pulsadores de ignición. «Señoría, no exagere», le dijeron los agentes a la juez cuando llegó allí tras la explosión y se escamó. Pero los malos seguirán siendo los malos: el imán y su cuadrilla de matarifes por Alá.

Porque podrán gritar lo que quieran contra España, vocear por la República de Catalunya e inventar conspiraciones, pero los malos son los malos y el 17-A lo fueron los integrantes de una célula yihadista sedienta de sangre que se cobró la vida de dieciséis inocentes aquella tarde de agosto.

Que para hacer el ridículo en Twitter ya están el mandilón de Waterloo.

Álvaro Martínez ( ABC )