LOS NÚMEROS DE CARMENA

Podemos no solo ha cometido un error táctico a la hora de enfocar el conflicto de Cataluña, rebajando así sus expectativas electorales en el resto de España. También mantiene abierto en canal un conflicto estructural en Madrid, en el que la convivencia entre los bandos de Pablo Iglesias y de Íñigo Errejón conviven a duras penas en una paz fingida con la vista puesta en las elecciones de 2019.

Por eso, la reaparición del que fuera general del Ejército José Julio Rodríguez como bálsamo interno para la recuperación anímica de los dos bloques puede ser un loable intento de Pablo Iglesias por pacificar el partido. O, sencillamente, puede ser su enésima equivocación. Tras el cisma de Vistalegre, Podemos está en un permanente proceso de reconstrucción en el que priman más las intuiciones, las apariencias y las purgas que la gestión, que finalmente es lo que premian o castigan los electores.

ABC publicó ayer que la alcaldesa, Manuela Carmena, aspirante a repetir como candidata en 2019 con Errejón en la Comunidad, pagó 13 millones por Bicimad –el servicio municipal de bicicletas- sin informes oficiales, sin cumplir los requisitos establecidos en la Ley de Transparencia, sin justificación formal de los sobrecostes que genera, y sin argumentar con datos suficientes el expediente de rescate de una concesión que mantiene “a pérdida” sistemática. Carmena goza de una sorprendente imagen de mesura y moderación incompatibles con el sectarismo ideológico con que ha desempeñado buena parte de su trayectoria pública, como juez y como política.

Queda en su haber ese mérito, y el de haberse granjeado una imagen de ternura maternal, como de abuela modélica, que contrasta con la dureza con que maneja el Ayuntamiento humillando al PSOE, el partido que aún la sostiene de modo inexplicable una vez que Pedro Sánchez ha averiguado que el desplome del socialismo provino de la fuga de votos hacia Podemos, y que además le hacía gratis el trabajo sucio a Iglesias. Sin embargo, en el debe de Carmena quedará una gestión opaca, caprichosa y sectaria que la Fiscalía debería examinar en el caso de Bicimad.

No se trata de sobreactuar con prematuras acusaciones de supuesta corrupción. Se trata de denunciar un modo de manejar el dinero público y de hurtar a la ciudadanía datos básicos de su gestión, pervirtiendo el propio mensaje con el que Podemos concurrió a las elecciones. Su desprecio por la democracia representativa es tan elocuente como su amor por la imposición autoritaria sin luz ni taquígrafos. Sea una torpeza negligente o sea una opacidad premeditada, algo no cuadra en los números de Carmena.

Manuel Marín ( ABC )

viñeta de Linda Galmor