LOS PELIGROS DE LA ACTUAL DEMOCRACIA

La vida política es de miedo. Los de mi generación empezamos temiendo el comunismo. Casi el primer recuerdo político que tengo es de fotos de los carros de combate soviéticos en las calles de Budapest en 1956. Vivíamos bajo la sombra de la bomba atómica, ante el temor al choque de los bloques que compartían el mundo. Experimentamos una serie de crisis, cada una de las cuales pudo acabar en el apocalipsis. Luego, en los 60, vinieron los excesos del imperialismo yanqui en Vietnam: estábamos entre dos aguas ideológicas.

Entonces el maoísmo, tan admirado por los bienpensantes de aquel entonces, se mostraba como un totalitarismo más, tan cruel y agresivo como los demás. En 1968, todo daba miedo: el anarquismo de los hippies, el endurecimiento de los autoritarios. En los 70 nos enfrentamos al reto de las ambiciones de los países exportadores de petróleo y los funestos efectos económicos de los precios altos que impusieron.

Tras un momento de optimismo, hacia el fin del milenio, con la caída de tantas dictaduras, volveríamos a sentir miedo, esta vez por el terrorismo, que nunca había dejado de amenazar la paz y la civilización pero que estalló de nuevo en 2001 con la destrucción de las Torres Gemelas de Nueva York. Desde entonces, los motivos de temor han ido acumulándose: los fanatismos religiosos, los nacionalismos, el populismo en Rusia, EEUU y los países marginales de la UE, con sus ecos de fascismo.

En primer lugar, los medios sociales cambiaron las reglas del juego político, aumentando el poder de los demagogos, quienes ya pueden incitar a sus seguidores instantáneamente sin hacer caso ni a la verdad ni a la crítica. Con un toque al teclado se organiza una manifestación para inhibir y silenciar a los conciudadanos. Se llenan las calles de atropello. Se arma una revolución.

Se ordena un referéndum ilegal: fue por su superioridad en manipular los teléfonos móviles que los secesionistas flanquearon los esfuerzos del Gobierno español del 1-O. Con el abuso de Twitter, Donald Trump domina los medios, y lanza mentiras que vuelan tan rápidas que han circulado por el mundo antes de que la verdad se haya puesto las botas. A sus seguidores les quita el tiempo de reflexionar. A sus opositores les sustrae la oportunidad de someter sus burradas e insultos a la crítica racional y detenida.

Mientras tanto, el cambio más inesperado es algo que hubiera sorprendido mucho a Aristóteles. Sigue aliándose con los demagogos que Aristóteles temía. Pero ahora está surgiendo una nueva alianza absolutamente diabólica entre la democracia y la plutocracia, principios que el sabio griego creía opuestos e irreconciliables. En EEUU los electores ya no votan según sus intereses económicos sino para expresar su odio hacia élites tradicionales y minorías desgraciadas.

El populacho confía en millonarios populistas que saben cómo explotar a sus obreros y clientes y siguen practicando la explotación cuando alcanzan el poder. El presidente Trump está convirtiendo el Gobierno de EEUU en un negocio más para aumentar su propia fortuna y la de sus familiares y compinches. Los oligarcas que dominan el Congreso acaban de aprobar un presupuesto que enriquece a los ya ricos. La democracia se ha vuelto temible. Pero no existe otro sistema mejor. Sólo hay que aguantar e intentar adaptarse.

Felipe Fernández-Armesto ( El Mundo )