Esta semana, de nuevo ABC ha merecido el alto honor de ser atacado por Iglesias Turrión. Sin venir a cuento y aunque la polémica que generó el arreón no naciera en estas páginas, el fundador de Podemos puso a este periódico como contraejemplo de lo que él considera que debe ser un medio de comunicación y la función que ha de cumplir. Que si facha, que si franquista, que si cavernario… se le suelen agotar los ‘quesis’ a Iglesias cuando piensa en este diario. Pero no siempre fue así…

«En primer lugar agradecer a ABC la invitación. Es un placer estar aquí. Yo he leído mucho este periódico. Mi tía-abuela trabajaba en él. Era camarera en la cafetería». Así arrancaba

 Iglesias su participación en el Foro ABC, el 14 de diciembre de 2015, cuando hasta le parecía placentero estar en un periódico franquista, facha, nazi o vaya usted a saber. Más aún, se confesaba entonces lector de estas páginas, lo que visto con perspectiva nos lleva a considerar que o bien mentía entonces o miente ahora, si bien en el exlíder podemita puede que se den las dos posibilidades a la vez dada su indeclinable querencia al embuste o su predisposición a tragarse sus palabras con el paso del tiempo.

Pasa por ejemplo con la ‘solución habitacional’ que elige en cada momento. Por entonces, cuando era un placer salir en el ABC se ufanaba de vivir en un pisito de 60 metros en Vallecas, heredado precisamente de esa tía-abuela suya, y renegaba de convertirse algún día en uno de esos políticos «que viven en chalés, que no saben lo que es coger el transporte público. A mí me parece hasta peligroso». Y ese día no tardó en llegar con el chalé piscinero de Galapagar de más de 600.000 euros.

Completada la deglución de aquellos principios y objetivos vitales y políticos que le sirvieron cuando arrancaba su carrera, esta semana -además del enésimo ataque a ABC, alta merced que quizá no merezcamos- lo más notable de Iglesias ha sido el reconocimiento expreso de su idilio con la mentira, antes mencionado. «Ahora que no soy político, puedo decir la verdad», afirmó el otro día en un mitin con un desahogo que causa pasmo por la impúdica exhibición de que ha estado tomando el pelo a toda España durante su estancia en la política activa.

Por eso, por ese enternecedor romance con la embustería, resulta sorprendente que Iglesias siga intentando dar leccioncitas de periodismo cuando este oficio se basa exactamente en lo contrario, en contar la verdad. Y también por eso, quizá, convenga recordar que poco antes de mostrarse encantado con estar en el ABC que tanto leía, proclamaba «la necesidad de acabar con los medios de comunicación privados, propiedad de millonarios, porque atacan la libertad de expresión. Hay que decirlo abiertamente».

Lo que hay que decir abiertamente es que tras su prejubilación política, Iglesias trabaja y depone su doctrina en la SER, RAC1, ‘Gara’, CTXT, ‘Público’ y Mediapro, todos medios de comunicación privados y algunos de ellos en manos de millonarios.

Álvaro Martínez ( ABC )