Estamos observando, estupefactos, como una banda de delincuentes políticos, e incluyo entre ellos a los peperos, en el papel de tontos útiles, que se están repartiendo lo que queda de España, como si de una herencia se tratase.

Pero da la casualidad de que nuestra Patria, que permanece unida desde hace más de cinco siglos, no es propiedad suya, sino nuestra, y al decir nuestra me refiero a los españoles de origen, no a todos los okupas que han venido en los últimos años, en número de millones de personas, y a los que regalamos la nacionalidad española, como si fuera un cromo para niños…

Una nación que no se respeta a sí misma, no puede pedir respeto a nadie, pues el reconocimiento hay que ganárselo, con seriedad y seguridad jurídica, algo de lo que carece la España actual.

El enemigo está dentro.

Los políticos, organizados en partidas, son los principales enemigos del pueblo español, y como el Conde don Julián, han abierto las puertas de la Patria a los invasores.

La situación es dantesca.

Los contribuyentes tenemos que mantener con nuestros impuestos a esos millones de extranjeros, y personas a las que se ha regalado la nacionalidad española, y que disfrutan de nuestro estado de bienestar, que están vaciando de recursos, sin que muchos de ellos contribuyan al levantamiento de las cargas.

Luego cuando va un español de origen a pedir ayudas sociales, se le dice que si tiene familia, que les pida a sus familiares, como si los parientes tuvieran  la obligación de mantener a los que estén en peor situación.

Es decir, lo que se da a los extranjeros, se está negando, al tiempo, a los españoles.

Los españoles hemos vuelto a la Edad Media: somos los pecheros que tenemos que mantener todo este despilfarro del cada vez más escaso dinero público, con una población envejecida, que yo no contribuye, sino que tiene todo el derecho a recibir la justa compensación por las aportaciones de toda una vida, mientras que los inmigrantes pasan a ser los nuevo Hidalgos de España, con todos los derechos, pero sin ninguna obligación tributaría…

Lo mismo sucede con el principal activo de nuestra Patria, esa Seguridad Social que generalizó el régimen franquista.

Tras más de tres meses de estancia, a pensión completa, en un gran hospital, he visto cómo hay alrededor de un veinte por ciento de los pacientes que son extranjeros, y que muchos de ellos, según confesión propia, no han trabajado nunca en España, o sus aportaciones son ínfimas, pese a lo cual se les trata no igual, sino mejor, que a los españoles de origen.

Los españoles no somos racistas, ni lo hemos sido nunca, pero las bandas de políticos, organizados en partidos y partidas, algunas realmente organizaciones criminales, nos van a acabar volviendo racistas.

La casta política cree que España es suya, que son los propietarios de la Patria, pero no son conscientes –o sí- de que ellos son unos simples usufructuarios de las propiedades y bienes del Estado, que son de todos los españoles, y tienen el deber de administrarlos, con la probidad propia de un buen padre de familia, como se dice en Derecho.

Y qué lejos están de actuar así la mayoría de ellos.

Habrá que exigirles cuentas, tanto por la vía política como penal, en el bien entendido supuesto de que, hoy por hoy, el poder judicial es incapaz de oponerse a los desmanes de los políticos con mando en plaza…

Hoy tenemos, por ejemplo, a un presidente del gobierno, concediendo subvenciones por más de setecientos mil euros, a la empresa familiar de sus padres, es decir, suya en el futuro.

O contratando a su mujer como “catedrática” de la Universidad Complutense de Madrid, ella que sólo tiene un triste diploma en marketing, en uno de esos centros privados que te envían el diploma contra reembolso de su importe…

O un tal Ábalos, ex ministro, que se ha hecho millonario apropiándose de fondos públicos de su ministerio para comprar trece millones de mascarillas a China, ¡a más de tres euros por unidad!.

En fin, termino ya, que me está subiendo la tensión.

Ramiro Grau Morancho  ( El Correo de España )