El acercamiento de presos etarras al País Vasco es un eslabón más de una larga cadena de movimientos orientados a la agrupación de la izquierda. La decepcionante sumisión con la que Grande-Marlaska ejecuta este plan revela el estado amoral del PSOE, que se ha desprendido de los escrúpulos democráticos necesarios para repeler pactos con quienes siguen sin condenar los asesinatos cometidos por ETA.

Para Sánchez y los suyos, pasar página es mirar hacia otro lado y dar por descontadas a las víctimas del terrorismo en un escenario que diseñó Rodríguez Zapatero. Sánchez no está innovando nada, sino culminando la agenda que abrió Jesús Eguiguren con Arnaldo Otegui en un caserío, en el año 2000.

La historia, desde entonces, demuestra que, mientras Zapatero firmaba con el presidente Aznar el pacto antiterrorista de 2001, su hombre de confianza negociaba con uno de los dirigentes del frente político de ETA.

Tampoco son ajenas a este viejo y nuevo escenario las propuestas que el propio PSE hizo por aquel entonces, cuando, en 2004, su secretario general, Patxi López, defendía convertir el País Vasco en «comunidad nacional» y hacer una «relectura» de la Constitución, entreabriendo puertas a pactos con la extinta Batasuna.

La radicalización del PSOE provocada por Zapatero se ha consolidado, y ahora Sánchez encuentra en EH Bildu la oportunidad de cerrar el círculo de izquierdas en España. Los proetarras han sido agentes activos en el afianzamiento de Sánchez.

Pactaron con los socialistas el Gobierno foral de Navarra, la derogación de la reforma laboral a cambio de sus míseros votos para la prórroga del estado de alarma y, ahora, el apoyo a unos Presupuestos con los que el PSOE quiere agotar la legislatura. La cesión a la izquierda proetarra es esta victoria política de Otegui, larvada desde sus encuentros clandestinos con Eguiguren. Solo era cuestión de tiempo.

Que el Gobierno trate a los defensores de ETA como interlocutores válidos para la «dirección del Estado» es un éxito político que ni el más conspicuo de los fundadores de la banda terrorista habría imaginado. Se equivoca García-Page cuando afirma que es Unidas Podemos quien marca la agenda del Gobierno.

Esta agenda de pactos con el brazo político de ETA está escrita por el PSOE desde hace muchos años, y solo se ha vista retrasada por la propia naturaleza criminal de los terroristas y la oposición de las víctimas y la sociedad española. Pablo Iglesias se limita a poner las palabras al silencio taimado de Sánchez.

El PSOE es el barco nodriza de las izquierdas declaradamente antiespañolas, como EH Bildu o ERC. Viajan cómodamente en los pactos que les ofrece Sánchez y se nutren de la legitimidad que los socialistas les regalan y con la que están socavando la estabilidad y continuidad del Estado.

El acercamiento de presos no es un acto humanitario; es un mensaje político de cómo van a cambiar las cosas en España si el PSOE y Unidas Podemos siguen gobernando con el apoyo de proetarras y separatistas. Es un error pensar que la democracia española es suficientemente fuerte para soportar y doblegar esta política anticonstitucional del PSOE.

No hay democracia que resista a un Gobierno formado o apoyado por partidos cuyo objetivo explícito es «tumbar el régimen». En los pactos del PSOE con EH Bildu y ERC no hay más virtud que la de consumar el «cordón sanitario» del Pacto del Tinell.

Ni EH Bildu ni ERC han renunciado a ninguno de sus objetivos a cambio de participar en la «dirección del Estado», porque no van a dirigirlo, sino a desestabilizarlo en su revancha histórica contra la Transición y el pacto constituyente de 1978.

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